lunes, 8 de febrero de 2016

GR2 - Etapa 5 (16-01-2016)

GR2 - Etapa 5 (16-01-2016)Santa Pau – Can Trona.

¡MILAGRO! Por primera vez desde tiempos remotos casi ocupamos todos los asientos del autocar y eso que no es día de celebración ni de comilona. ¿Será que el nuevo año nos ha devuelto las ganas de andar? ¿Tal vez el subconsciente nos ha traicionado, presentándonos en sueños las lorzas resultantes de los excesos Navideños? ¿O simple y llanamente la nutrida concurrencia de hoy obedece al hecho de que la travesía discurre por unos parajes de belleza sin igual? Sea cual fuere el inusual motivo que ha concitado la presencia mayoritaria de GRManos en este histórico 16 de enero de 2016… ¡Bienvenido sea y bienhallados y halladas sean nuestros compañeros y compañeras de andanzas! ¡Bienvenidas, igualmente, las nuevas peregrinas, Montse e Inés!

La masiva presencia de caminantes con destino a las volcánicas tierras de la Garrotxa ha obligado a la empresa de transportes a poner a nuestra disposición un autocar con mayor capacidad de pasajeros (¡más grande sí, pero no más nuevo!). Y quién sabe si también a consecuencia del cambio, y para adaptarlo al avejentado vehículo, nos ha adjudicado un conductor diferente del habitual.
 
Tras dejar atrás la autopista C-58, y al poco de circular por la AP-7, el avezado piloto toma un desvío a la izquierda para adentrarse en la C-17 con dirección noreste. Una vez superado Vic abandonamos la citada vía y avanzamos por la C-33 rumbo a Olot. Al poco, atravesamos el controvertido túnel de Bracons,  alcanzamos la capital comarcal y desde allí nos desviamos hacia Santa Pau.

En puertas del destino, Jaume Pavón propone un recorrido alternativo para los del grupo A. Así, en lugar de transitar por el valle y atravesar la preciosa Fageda de’n Jordà, él sugiere que realicemos la travesía por la Sierra Marbolenya.

La mañana se presenta placentera y soleada pero a la vez fresquita. El gélido viento del norte agita el arbolado del valle y dicha circunstancia genera dudas en alguno de los habituales componentes del grupo A, sobre la conveniencia o no del nuevo recorrido propuesto. Estos, comentan que la posibilidad de una fuerte y molesta ventolera, allá por las alturas, no es desdeñable y que no les apetece demasiado el hecho de caminar por la cresta de la cadena montañosa, a la intemperie, expuestos al frío viento y las incómodas  circunstancias climatológicas. 

La falta de consenso entre los GRManos pospone la decisión hasta más adelante, cuando alcancemos el lugar del desvío, momento en el cual deberemos decantarnos por continuar con el plan previsto inicialmente u optar por la nueva alternativa propuesta.

La salida de Santa Pau se produce en torno a las nueve de la mañana. De buen comienzo, caminamos tranquilamente acomodados en parajas o pequeños grupos mientras dejamos atrás el poblado y nos adentrarnos en la silenciosa campiña. Por sorpresa, nos topamos con la primera prueba de que nos hallamos en tierra de volcanes. Una negra oquedad, en una curva a la izquierda del camino rural, nos muestra el desprendimiento de cuantiosas rocas volcánicas pertenecientes al volcán a Bocanegra, el cual estamos rodeando.

Abrigaditos, parlanchines y a buen paso, vamos disfrutando de la compañía de nuestros camaradas y del maravilloso entorno paisajístico nos rodea.

Por un camino agrario, que serpentea entre tierras de cultivo y masa forestal, nos dirigimos rumbo a uno de los míticos volcanes de la zona. Para ello, a la altura del kilómetro 3,5 abandonamos el citado camino principal y ascendemos por un estrecha, pero bien marcada senda, en pos del imponente cráter volcánico del Santa Margarita. Una vez coronada la cresta del mismo, desde las alturas, observamos la impresionante caldera cilíndrica que en tiempos remotos vomitara ingentes cantidades de incandescente magma en forma de lava. Alegres y prendados, descendemos hasta la mitad, más o menos, de la pared volcánica y tras acomodarnos desperdigados a la vera del sendero, en el suelo, damos buena cuenta de nuestro particular desayuno y del vino de la bota de Don Paco.

Para no romper la costumbre, a los postres aparecen todo tipo de alimentos calóricos sobrantes de las pasadas fiestas Navideñas: turrones, almendras, variados  frutos secos, chocolate, pastas, etc… Emergen, igualmente, apetitosas tartas y dulces elaborados expresamente para la ocasión. Para deleite del personal, y gracias a la generosidad de Jaume Valls, corre por entre los insaciables caminantes una fiambrera repleta de trozos del jamón, del que la Diosa fortuna tuvo a fe conceder al afortunado Señor Valls en la tradicional rifa de Navidad. Todo ello bien regado con bebidas de diversa índole: morapio, exquisito té, aromático café, “espiritual” Vodka, etc... De lo que se deduce que no tenemos remedio, pues gastamos unas pírricas calorías caminando y le endiñamos al cuerpo el doble de las que hemos quemado. ¡Así es imposible mantener la línea!

Con los estómagos abotargados de tanto zampar, desalojamos cansinamente el idílico lugar y regresamos sobre nuestros pasos para retomar el camino principal, abandonado anteriormente, que nos conducirá al final de nuestro recorrido.

Hacia el kilómetro 6 de la etapa nos topamos con la ermita Sant Miquel Sacot y tras una leve pausa, y ciertas dudas, la muchedumbre se divide en dos grupos.

La mayor parte de los caminantes se engloban en el B, el cual se dispone a atravesar el valle por su lecho. En su transitar se adentrarán por entre la preciosa arboleda de la Fageda de’n Jordà, hoy angosta y reseca a causa de la escases de lluvias producto de éste inusual y cálido invierno; visitarán, de paso, la Cooperativa del mismo nombre; y tras caminar de nuevo cobijados a la sombra de la centenaria arboleda alcanzarán la localidad de Les Presses. Una vez allí, alcanzado el objetivo inicial, una facción de este grupo, la B-2, continuará su aventura hasta personarse en Can Trona, punto final de la etapa de hoy.

Por su parte, la escuálida sección del grupo A se desvía y acomete el ascenso a las alturas para transitar por la cadena de la montañosa Sierra Marbolenya. Apenas a un kilómetro del desvío iniciamos la exigente subida de la Collada de Colltort (802 m.) dejando a nuestra izquierda el volcán el Torrent. El viento fustiga con fiereza nuestras jadeantes siluetas cuando avanzamos por la cara norte de la estribación y debemos abrigarnos para minimizar las consecuencias. Al cabo de una hora de exigente caminata alcanzamos el Castell de Colldetort (838 m.) y al encaramarnos encima de los derruidos muros de la antigua fortaleza quedamos embelesados por las maravillosas vistas que la atalaya nos ofrece.

Luego de una leve pausa y alguna que otra foto, salimos en estampida y dejamos descolgadas a Cati y Carmen que se quedan haciendo una última foto. Mientras caminamos por el inclinado y reseco suelo alguien que se percata de la ausencia de las damas y da la voz de alarma. Nos detenemos, entonces, al abrigo del viento para esperarlas y momentos después las vemos emerger de entre el sediento arbolado con cara de pocas bromas. Nada más llegar a nuestra altura Carmen Nietro expresa su lógico malestar, pone orden en el asunto y nos pregunta: ¿A qué viene tanta prisa? ¿Tano cuesta viajar agrupados y esperar un poco? ¿Podremos hacer una foto tranquilamente o cada uno va a ir a la suya?. ¡Somos incorregibles!

Aclarado el asunto reemprendemos la marcha. Agrupados, pero en fila de a uno para salvar las dificultades orográficas, continuamos avanzando a buen ritmo mientras el viento del norte azota los rostros y amenaza con despeñarnos ladera abajo. Caminando en ascenso vamos pasando por el Coll de Llaceres (808 m.), la Collada dels Saiols (878 m.) y el Pas d'en Vidal (887m), para finalmente alcanzar la cota máxima de la Sierra y nuestro techo de hoy (La Roca del Lladre (907m). Un precioso vértice geodésico que nos regala unas impresionantes vistas de la zona: Los Pirineos cubiertos de un blanco manto de nieve, el Puig-Sacalm, los valles que discurren a ambos lados lados de la Sierra, la Fageda de’n Jordà, la Coperativa del mismo nombre, los pequeños poblados, la capital de la comarca (Olot) y, por encima de todo, las impresionantes estructuras geológicas que configuran el legendario paisaje de la mítica zona volcánica de la Garrotxa.

Tras otra leve pausa, y luego de la pertinente foto de grupo, reiniciamos de nuevo la gratificante marcha. Pasamos primero, casi sin percatarnos, por la supuesta Font dels Cingles, la cual languidece agotada a causa de la inacabable sequía que nos martiriza, y más adelante, por un imaginario camino en pendiente, sepultado bajo una copiosa montaña de hojarasca que impide ver la senda y que nos obliga a arrastrar los pies cómicamente para no salirnos de la misma y rodar vertiente abajo.

Traspasado el mediodía, con la hora pisándonos los talones y algo cansados de tanto sube y baja, avanzamos por el Collet de Puig Rodó (879 m.) en dirección a la cima del mismo nombre. Una vez alcanzado Puig Rodó (907 m.), en su mirador circular, volvemos a deleitarnos con las fantásticas vistas, posamos una vez más para la eternidad y acto seguido partimos en pos del área recreativa de Xenacs.

Sin tiempo para una triste cerveza y mucho menos para actividades ociosas, pasamos de largo por el lugar de descanso y acometemos el pronunciado descenso por el camino de les Barrincoles, el cual nos conducirá hasta las puertas de Les Presses, punto y final de nuestra aventura montañera.

Hacia las dos del mediodía localizamos el autocar donde nos espera el grueso de nuestros compañeros. Acomodados en sus asientos, la gran mayoría de ellos y ellas (los del grupo B) permanecen relajados y con el estómago inflado a causa de las cervezas ingeridas durante la espera, mientras otros, los menos (los del grupo B2), intentan recuperarse del esfuerzo realizado hasta Can Trona, lugar donde inicialmente debería haber concluido la etapa de hoy.
Una vez reagrupados todos nos dirigimos a Olot para buscar un establecimiento que conforme a nuestras particulares condiciones nos permita reponer fuerzas.

A la entrada de la población Olotina localizamos un Restaurante donde antaño ya se celebrara un evento festivo del grupo. Del autocar desciende una comisión formada por Paco Victoria y su misma sombra para negociar con el dueño del refectorio las exclusivas condiciones. Tras unos instantes de tensa espera el comisionado nos hace señales de que todo está en orden y de que podemos despegar el culo de nuestros asientos, descender y dirigirnos a la estancia reservada al efecto.

Todos menos él, desconocemos los términos de la negociación y la cuantía de las comisiones que se han derivado del alquiler de la sala, pero nuestro comisionado parece haber claudicado de inmediato a las peticiones del propietario. A las puertas del local recibimos la increible noticia de que debemos acondicionar nosotros mismos la estancia asignada, montar las mesas y sillas, anotar los pedidos, acercarnos a la barra para pedir y recoger las bebidas, transportarlas a la sala adjunta, servirlas en las mesas a nuestros compañeros y compañeras, volver a tomar nota de los cafés e infusiones, regresar de nuevo a la barra, recoger los pedidos, transportarlos, servirlos, pedir la cuenta… En fin… ¡Mejor dejarlo ahí y no seguir hurgando en la llaga! ¡Vaya negociante!

Pero bueno, como siempre que llueve escampa, pues al final la fiesta se anima. De inmediato olvidamos las amargas penas y nos dedicamos a lo que tan bien dominamos: ¡Devorar con gula todo aquello que se pone ante nuestros ojos!

Fruto de esa innata capacidad de adaptación a las circunstancias, participamos glotona y desinteresadamente de los exquisitos manjares que Angels y Mª Ángeles han aportado para celebrar su reciente cumpleaños. ¡Uhmmm que rico todo! También de una deliciosa torta de chocolate negro con almendras que ha traído Inés, y nuevamente del jamón del Señor Valls, así como de turrones, dulces y otroas manducas.

Como colofón a la gratificante jornada aventurera se procede al cambio de Tesorero, cargo que recae en el amigo, compañero, ex bancario y prejubilado Joan Lluis.

Dado que desconocemos por completo (¡Yo al menos!) los términos exactos pactados para  la adjudicación del citado contrato y las cláusulas de confidencialidad; así como las comisiones aplicables a su innoble gestión, las bonificaciones fiscales y el porcentaje de beneficios del gestor; la necesidad de aporatr facturas falsas que justifiquen los gastos, el obligado % aplicable a las mordidas y las donaciones anónimas al partido (GRManía); los fondos que se dedicaran a sufragar los gastos para regalos, viajes, fiestas y comilonas; los impuestos a devengar, el IRPF (¡Hacienda somos todos, jajajaja!), las plusvalías y demás farragosos términos financieros, me ofrezco voluntaria y desinteresadamente como asesor y auditor de cuentas para ayudar a mi amigo Joan Lluis a malversar los fondos GRManos concienzudamente. Así podré evitar, que él, pobre inocente, cargue con toda la culpa de la corruptela a sus nobles espaldas y si por un causal (¡Dios no lo quiera!) se descubriera el pastel, confirmar sin el menor atisvo de duda que nosotros no sabíamos nada del tema. 

¡Se fuerte Joan LLuis! ¡Resiste! 

Ya sabes amigo… ¡Cuenta conmigo para vaciar la caja! ¡Destruiremos las pruebas y lo negaremos todo, aunque canten las evidencias!

Restaurante B-CREK, Olot:

Blog de GRManía:

viernes, 8 de enero de 2016

GR2 - Etapa 4: ¡Un meón despellejado!


GR2 Etapa 4 (19-12-2015)
Besalú - Santa Pau.

Otro año que llega a su fin y van…¡mejor dejarlo así, que ésta es una guerra perdida!

Jornada festiva la de hoy y, como suele ser habitual cuando se trata de rellenar el buche, autocar casi al completo para cerrar el cruel año que dejamos atrás.

Hay días en lo que uno no debería levantarse de la cama y quedarse en casita para no seguir metiendo la pata y, sin duda, el de hoy es uno de ésos.

La jornada empieza con el pie izquierdo, pues a una semana griposa de tos e indisposición le sucede una noche de malestar general. Después de mi habitual desayuno, compuesto por un vaso grande de zumo, un tazón de soja con café y algún alimento sólido, decido combatir el desagradable y molesto catarro con un mucolítico previamente diluido en un vaso grande de agua, y para cerrar el círculo, añado un analgésico con otro generoso vaso del citado líquido incoloro. ¡Por hidratación no será, no!

Con el estómago más hinchado que un pobre desnutrido cargo con mi mochila y me dispongo a abandonar el calorcillo del hogar. Nada más franquear la puerta de salida me percato de que me he olvidado el discurso de fin de año. A toda prisa retomo mis pasos, entro de nuevo en casa, conecto el ordenador (¡jamás ha ido tan lento al ponerse en marcha!), localizo un archivo, que creo es el correcto, y lo envío a la impresora para que me vomite una hoja con las ideas expresadas en él. Convencido de mí acertado proceder guardo el papel en uno de los bolsillos de mi repleta mochila (¡sin revisarlo por supuesto!) y desciendo las escaleras a la carrera para no llegar tarde a la salida. ¡Pronto pagaré las consecuencias!.

Con la hora pegada al culo me presento en las inmediaciones del campo de fútbol. Para desgracia mía no hay plazas libres en el lugar habitual de aparcamiento y debo dirigirme al otro lado del estadio parar aparcar frente a la puerta principal. Cojo mi mochila y a la carrera me dirijo hacia el autocar, no vaya a ser que me dejen en tierra.  

Una espesa niebla ensombrece la madrugada de la adormilada Terrassa. La bruma, grisácea y húmeda, entela el solitario ambiente y se presenta ordeñada de la ansiada lluvia, apenas presente en los últimos meses de esta angosta, seca y desmesuradamente calurosa estación otoñal del negro 2015.

Al poco de acomodarme en mi asiento del vetusto medio de transporte me viene a la memoria una situación similar a la de hoy, de infausto recuerdo, acaecida hace un par de años. Por entonces, 14 de diciembre de 2013, día de comilona y autocar repleto, otra desmesurada ingesta de líquidos mañaneros me obligó a detener el abarrotado vehículo, en una carreta secundaria, a fin de liberar mi repleta vejiga. ¡Espero que hoy no me suceda lo mismo, y poder así librarme del escarnio y cachondeito de mis queridos y compañeros/as!

El aforo completo en el autocar, el feliz rencuentro con algunos compañeros/as ausentes por una temporada, o la proximidad de las venideras Fiestas Navideñas invitan a la conversación y un desmesurado escándalo inunda la estancia.

Mientras circulamos por la autopista, en las inmediaciones de Sant Celoni, temo que mis malos augurios se conviertan en realidad. Hace unos minutos que ha comenzado a notar que mi vejiga está rebosante y empiezo a dudar si aguantará hasta el final. Sin embargo, intento evadirme, olvidar que me estoy orinando y pensar en cosas banales que me permitan mantener mi honor a salvo. 

Nada más penetrar en la verde provincia Gironina, la situación se complica y la simple necesidad se convierte en verdadera urgencia. - ¡Me estoy meando, leche! dejo escapar para sorpresa y asombro de mis contertulianos/as. Entonces, uno de ellos, haciendo gala de su memoria de elefante, me recuerda aquellos hechos pasados y, con cierto sarcasmo, pone en duda el perfecto funcionamiento de mi próstata.

Finalmente, y a pasear de mis esfuerzos y mi supuesta hombría, me veo obligado a detener el autocar en una estación de servicio. Para mi asombro, veo que no soy el único meón/na pues varios y varias GRmanos/as descienden del autocar y disimuladamente toman el camino de los servicios. No sirve de consuelo, pero cuando menos aligera la carga. ¡Unos tienen la fama y otros cardan la lana!

Aliviados, recompuiestos y aseados volvemos al vehículo y reemprendemos la marcha en dirección al pueblo de Besalú, el cual alcanzamos hacia las nueve de la mañana.

Tras llegar a destino aparcamos a las afueras del pueblo, por la parte este del puente medieval, abandonamos el autocar, recogemos nuestros bártulos, nos los acomodamos y damos el pistoletazo de salida para iniciar la etapa Navideña rumbo a Santa Pau.

Como viene siendo habitual, en los últimos tiempos, la etapa que nos conducirá por tierras de la Garrotxa consta de dos recorridos alternativos diferenciados por el kilometraje de la misma, dependiendo del grupo en el que transitemos: A o B.

En estampida, los 49 caminantes partimos de Besalú en pelotón para acometer los primeros kilómetros de leve pero constante ascenso. Como no podía ser de otra manera, a las primeras de cambio el grupo se estira y queda desparramado por el sendero que discurre por entre el arbolado y la deshidratada vegetación.  



Zigzagueando de izquierda y derecha por una amplia pista forestal, acometemos con vigor los primeros kilómetros de liviano pero constante ascenso. En nuestro caminar, vamos dejando atrás y a los lados campos de labranza hibernados, praderas despoblabas de animales y alguna que otra masía solitaria. Avanzamos por el reseco camino forestal que discurre entre la masa foresta,l hasta alcanzar la ermita de Sant Fruitós d’Ossinyà que emrge de entgre la espesura del bosque. Allí, en la explanada que hay frente a la misma, reagrupados y en camaradería, damos buena cuenta de nuestro desayuno.

En puertas como estamos de la Navidad, a los postres, del interior de nuestras raídas mochilas emergen todo tipo de suplementos alimenticios relacionados con las fiestas de pascua: dulces varios, bizcochos, turrones, bombones, chocolate, frutos secos y demás manjares calóricos. Al parecer, todo ello sutilmente enfocado, y en su justa medida, al sano hecho de ir habituando nuestro organismo a los rigores dietéticos de los días que se avecinan. Entrenamiento obligatorio para la dura prueba que nos espera durante las pantagruélicas e incontables celebraciones familiares que están por llegar. ¡Todo sea por el bien de nuestra salud y por complacer a nuestro o insaciable y agradecido estómago!

A la fatal tos perruna que me acompaña desde hace días; a mi delicada salud física; al casi olvido del texto escrito; a mis supuestos problemas prostáticos; a mis habituales y alocados desvaríos; y mi pasmosa facilidad para meterme en líos, se añade otro suceso que viene a confirmar que hoy no es mi día.  ¡Alguien! ¡No diré el nombre para salvar su honor!, se zampa el trozo de tarta que generosamente me había obsequiado Inés, y que yo, ingenuo de mí, había dejado encima de un trozo de papel de plata a la espera de acabar con mi bocata. Bien es cierto que el incauto de uno lo había colocado junto a la comida de ella y sus pertenencias. Pero como NO soy apenas rencoroso le perdonaré la ofensa ¿Involuntaria? ¡Tal vez!, y por si acaso me mantendré ojo avizor para devolverle el golpe a la más mínima ocasión. ¡Ojo por ojo, tarta por tarta! ¡Se olvida pero no se perdona! ¿O es al revés? ¡Bah!... Sea como sea, el día de hoy es un día aciago para mí, pues demás, Cati y Castel se olvidan de un servidor la hora de repartir su té y me dejan solo los posos. Eso sí, Carlos me ofrece café (¡que no tomo!) y Antonio Gil, Vodka (¡que no debo tomar!). ¿Será éste ya el fin de mis desgracias en la jornada de hoy ? ¡NOOOOO!

Una vez concluido el desayuno recogernos los bártulos y partimos por grupos, aunque cada uno a la suya, rumbo a nuestros destinos: el Torn o Santa Pau.

Al poco de dejar atrás nuestro particular lugar de avituallamiento nos adentramos por una estrecha senda perdida en medio de la vegetación y cubierta de arbolado, y descendemos en pos de la Riera de Junyell. Justo cuando nos hallamos a punto de cruzar su estéril y reseco cauce nos topamos con un grupo de moteros que horadan la paz del bosque con los bramidos de sus horrendas motocicletas y el apestoso olor de gasolina quemada. Tras cedernos el paso nos despedimos de ellos y continuamos nuestra aventura biosquimana. ¡Precioso el recorrido de hoy!

Después de un buen trecho transitando por entre el arbolado abandonamos el bosque y salimos al camino forestal. Para sorpresa general, a los pocos metros de avanzar por el espacioso camino nos topamos con una verja que nos barra el paso. Tras escrutar las inmediaciones del lugar, localizamos las marcas que nos señalan la dirección correcta. Nos vemos entonces obligados a acometer un leve ascenso, por una trocha apenas perceptible, para rodear las propiedades del Mas Rapinya y reencontramos, nuevamente, al cabo de un centenar de metros, con la senda interrumpida.

Una vez retomado el rumbo correcto avanzamos parsimoniosos por entre a unas mustias praderas, donde pastan peludas vacas de diversas tonalidades de color marrón y dóciles caballos de variada coloración, hasta desembocar en la carretera secundaria que discurre paralela al río Ser y nos conduce al El Torn, poblado que los grupo A atravesamos y dejamos atrás sin cruzarnos con ninguno de sus escasos habitantes, y lugar donde, algo más tarde, los del grupo B pondrán final a su recorrido. ¡Suerte que en el citado asentamiento no hay ningún Bar, que sino ya me imagino a todos/as los miembros de este sabio grupo apoltronados en sus sillas y mesas degustando bebidas y tapas a gogó!  ¿Verdad José Antonio?

A la salida de El Torn nos adentramos brevemente por una estrecha senda que discurre paralela al río. Poco después, tras abandonarla para recuperar la carreta, nos topamos con un impoluto parque de gimnasia habilitado para uso y disfrute de los ancianos. Sin embargo, el emplazamiento del gimnasio al aire libre da qué pensar! Uno duda entre si la ubicación del mismo responde a una cuestión estudiada para obligar a los mayores a ejercitar las piernas antes de utilizar los aparatos gimnásticos, o por el contrario está orientada a evitar el desplazamiento de los abuelos al lugar y disuadirlos de la insana tentación de malgastar energías.

Sin quórum sobre las bondades o maldades del parque en cuestión circulamos en fila por la carreta solitaria  hasta alcanzar el caserio de Sant Vicenç del Sallent, y en paralelo a vega del río Ser vamos dejando atrás masías solitarias, perros ladradores, granjas, campos de labranza, praderas y animales pastando. 

Tras dejar atrás Sant Vicenç retomamos el camino y de improviso vislumbramos un puente que salva la cuenca del río. Al cruzarlo, desde su imponente atalaya, contemplamos maravillados la cascada de Sant Martí, que tras el salto, allá abajo, pura y cristalina, discurre cantarina por entre los ojos del puente.

Finalmente, a unos kilómetros de la meta, dejamos atrás nuestro caminar junto al río Ser y nos adentramos por la resca cuenca de la Riera de Sant Martí que nos conducirá casi hasta las puertas de Santa Pau.

Hacia las dos del mediodía día damos por concluida la etapa y, previa agrupación y recuento, nos acomodamos en el autocar para desplazarnos al Restaurante "Ca la Carmelita",en Sant Privat de’n Bas, para celebrar el ágape Navideño.

La entrada al comedor viene precedida de una larga espera en la interminable cola de los lavabos. ¡Para lavarme las manos, malpensados!

La comida, deliciosa, transcurre en bulliciosa pero franca armonía. Para variar, dejamos los platos más limpios que el jaspe, vaciamos las botellas (ya sea agua, cerveza, vino o refescos), y agotamos hasta la última gota de las copas de Cava.

Llegada la hora de los discursos, Evaristo, nos eriza la piel con sus reflexiones sobre el pasado, el presente, las circunstancias del momento y el añorado Fidel. Pedro, nos emociona con sus inigualables rimas sobre los aconteceres de la vida. Y un servidor… ¡Que guapo estoy con la boca cerrada! se vuelva a meter en un charco. A medida que voy leyendo el discurso me voy percatando de mi error de principiante. Con incredulidad, compruebo que por error he enviado a la impresora el borrador del discurso y no el texto final. Entonces, en mi afán por recuperar lo que en realidad debería decir el escrito, doy rienda suelta a mi imaginación y sin remedio me voy alejando de la realidad y enfangando en el lodo. El resultado final, mejor dejarlo en el baúl de los olvidos, pues es ya de sobra conocido por todos/as. ¿Verdad, Ana, Cati, Fáttima, Fina, Inés, María, Maribel y demás féminas?

¡Si llego a adivinar que me ibais a despellejar de tal manera me quedo calladito!

Para finalizar el concurrido evento, y como manda la tradición, improvisamos un concierto de Villancicos donde destacan por su implicación algunos veteranos GRamnos. Al compás de la guitarra de Pedro, la zambomba de Paco Ortega, el cancionero de Cati y la aportación anual de Anna, vamos destrozando canciones con nuestra inusual maestría. ¡El vino lo enmascara todo!

¡Felices Fiestas y Próspero 2016!

Restaurant Allotjaments Carmelita
Crta. General Estartús, 38
17178 Sant Privat d’en Bas
La Garrotxa (Girona)
Tel. 972 693256
e-mail. info@calacarmelita.com