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viernes, 23 de mayo de 2025

Soneto a un bote abandonado

Soneto a un bote abandonado


Hallábase este bote mareado
en tétrico y oscuro maletero,
rodaba sin control, el puñetero,
cual loco que luchara encamisado.

Sentíase infeliz, abandonado,
después de haber saciado con esmero
la sed de un tipo otrora lisonjero,
que hoy no era más que un viejo despistado.

Maldiciendo a su dueño y al destino,
presagio del final, nefasta suerte,
se empeñó en arreglar tal desatino,

y dispuesto a vivir, hízose el fuerte,
para obviar aquel descuido tan dañino
que pretendía arrastrarle a la muerte.

© Moisés G. M. Sábado, 17/05/25


lunes, 5 de mayo de 2025

Primavera y niñez

 Primavera y niñez

A mayo le cantábamos las flores,
ávidos, ya, por salir de la escuela.
Para el juicio nos faltaba una muela
y apenas si entendíamos de amores.

Pantalón corto, anuncio de calores,
juegos al sol, meriendas de la abuela.
Tiznada al fuego, al bullir la cazuela,
de humo y sabor se vestían los olores.

Dulce reír de aquellas primaveras,
donde el correr era nuestro alimento
y la amistad la flor más verdadera.

Sueño días de ayer, que hoy son quimeras,
e imagino que perdería el aliento
si aquella infancia de oro se me fuera.


Lunes, 05 de mayo de 2025
©Moisés G. M.

domingo, 23 de marzo de 2025

Año de nieves

(Dice el refrán que «Año de nieves, año de bienes», pero como el ser humano actual no se distingue por su respeto a la naturaleza, en habitual es que el dicho pierda el sentido, sin remedio.)


Año de nieves


Blanco manto luce hoy la Paramera
tras años cubierta de fracaso.
Un invierno llegado con retraso
dejó nieve como si antaño fuera.

Mas la dicha diríase pasajera,
pues huyó el frío de las noches al raso.
El Dios del hielo perdióse en el ocaso
al ver, cercana, albear la primavera.
 
Este maná que nos regaló el cielo,
para dar vida a angostos manantiales,
huye feroz matando al viejo sauce.

Y lo que ayer viniera a ser consuelo,
hoy anegó de barro los hastiales.
¡Siempre las aguas vuelven a su cauce!

Viernes, 21 de marzo de 2025
©Moisés G. M.



A ti, río Adaja

(Conviene no olvidar que este río Adaja, por estas fechas desbocado, languidece todos los veranos ante la escasez de lluvias y la ausencia habitual de nieve que venimos padeciendo desde hace décadas en invierno)

A ti, río Adaja

Aquel Adaja otrora melodía,
acunado a los pies de la Serrota;
de canto sosegado y dulce nota,
hoy sediento mastica su agonía.

Por su cauce ya no fluye alegría
y en su lecho apenas si una gota;
ya no hay peces que en él bailen la jota
sino olvido, sequedad y apatía.

Si yo pudiera devolverte al ayer
y que otra vez danzaras locamente
tu luz volvería de nuevo a florecer,

mas no puedo luchar contracorriente
y, aunque me duela verte languidecer,
sospecho que tu muerte está presente.



Viernes, 21 de marzo de 2025.
©Moisés G.M.

viernes, 8 de noviembre de 2024

De Bruguers a El Garraf


De Bruguers a El Garraf

Era mediados de octubre.
Se presagiaba buen día.
Viejos de anciana costumbre.
Un tropel de algarabía.

Sucedió que veinte andantes,
miembros de GRmanía,
nos presentamos radiantes
a rondar en compañía.

En la lista, cuatro gatos,
—y varios de ellos noveles—
con botas, que no zapatos,
relucientes cual pinceles.

Un conductor sonriente
los buenos días nos daba
sin saber, pobre inocente,
lo que luego le esperaba.

En apenas diez minutos
la tropa quedó embarcada:
en la vanguardia los cautos,
al fondo…, gente exaltada.

Circulando sin demora
el sueño íbamos venciendo
mientras florecía la aurora,
con la noche ya muriendo.

Cual jóvenes en pandilla
soñábamos un buen día,
mas corría una comidilla:
¡Nos da que falta algún guía!

Todo era paz y armonía
de camino hasta Gavá
en busca de Ana María
que esperando estaba allá.

Fue al salir de la autovía
cuando la suerte viró:
el señor que conducía
de ruta se equivocó.

Con el pasaje enfrascado
en arduas conversaciones
todo se dio por sentado
y apenas hubo objeciones.

Solo las de un camorrista
que alzó la voz vacilando:
—¿Dónde está la excursionista
a la que estamos buscando?

Entonces se oyó un murmullo
y alguien soltó una bobada.
—¡Calla y no hagas el capullo—
le dijo el de su bancada!

Del murmullo a los bufidos,
pues nadie entendía un carajo.
—¿Qué hacemos aquí perdidos
calle arriba, calle abajo?

Tras más de treinta minutos
—hartos ya de tanta ronda—
surgieron los exabruptos:
—¡No, por Dios, otra rotonda!

—¡Esta es ya la quinta vuelta
que damos a la manzana
o acertamos con la puerta
o se nos va la mañana!

Por suerte se hizo el milagro,
descubrimos la salida,
y al polígono macabro
le dimos la despedida.

Mientras el reloj corría
y el chófer callejeaba
la moza no aparecía
y el enredo se enredaba.

—¿Qué tal si nos detenemos?
—surgió una voz de la nada—.
Tal vez así encontraremos
a la mocita extraviada.

Luego de un nuevo rodeo,
por arteria transitada,
alguien dijo: —¡Ya la veo!,
¡está en aquella parada!

Ya en Bruguers, la comitiva,
por fin comenzó la etapa.
Yo me olvidé la comida.
Paquita casi derrapa.

Ella que avanzaba airosa
por una inhóspita acera,
dio un traspiés, ¡maldita losa!
y acabó en una zarcera.

Por suerte la rescatamos
en perfectas condiciones.
¡Vaya mañana llevamos
con tamañas emociones!

Un grupito descarriado
partió, raudo, por su cuenta,
hasta que el guía, cabreado,
les hizo darse la vuelta.

Aunque se había comentado
que el perfil era en descenso,
yo exclame desencantado:
¡Qué bajada, si es ascenso!

De pronto la fortaleza
d'Emprunyà ante nuestros ojos:
castillo, ermita, maleza
y una valla hecha despojos.

No hay que ser gran adivino
para hablar del desayuno.
Frutos secos, pastas, vino…
todo enfocado al... «ayuno»..

El trayecto no era largo
ni tampoco peligroso.
menos un sendero amargo,
con mal firme, pedregoso.

Bordeando el mediodía
al Puig de Agulles llegamos.
Sus vistas, ¡qué melodía!
con las cámaras plasmamos.

Montserrat lucía al oeste
y al este un mar reluciente.
Bajo un cielo azul celeste
al norte el Montseny, se siente.

A un ritmo descompasado
la serpiente fue avanzando.
Los de delante alocados
y los de atrás… rezongando.

Un otoño desatado,
de chaparrones constantes,
el campo había perfumado
como solía ocurrir antes.

Entre arbustos y matojos,
ora senda ora camino,
avanzábamos cual cojos
a un ritmo lento, cansino.

Un sol templado fluía
y con las nubes jugaba.
Pepe Hervás no aparecía 
y el grupo se impacientaba. 

Coll Sostrell y La Morella;
Avenc Llambrics, Pla del Querol.
Puig d’en Vinylas y a La Pleta
Pedrera, Celler Güell y sol.

Con demora relevante
cruzamos por fin la meta.
¿Habrá en Garraf Restaurante
que de birra a tanto jeta?

Al final de una avenida
el Bar Antonio se emplaza
y el camarero, «un suicida»,
nos conduce a la terraza.

Mas la dueña del negocio
deja mudo a su empleado:
—¡Este no es lugar de ocio
para quien se trae el bocado!

Ipso facto lo entendemos
y en tropel nos levantamos.
Nuestra pitanza cogemos
y a la arrogante plantamos.

Con el bocata en la mano,
cabreados y sedientos,
latas nos vende un fulano
que tampoco ofrece asientos.

Mientras se acerca una ola
que la arena engulle, quieta,
yo voy repitiendo: ¡Hola!
¿Cuántos «pa» la lumineta?

Acabada la aventura
al redil todos volvemos.
El sol de la tarde apura.
cuando al fin nos recogemos.

 

Terrassa, sábado, 20 de octubre de 2024.
© Moisés González Muñoz.

lunes, 2 de septiembre de 2024

Gato de pueblo

 Gato de pueblo

Cuando yo aún era un pazguato
mi abuelo rescató un gato
que maullaba todo el rato
y te arañaba el zapato.

Minino de fea pelambre,
descarnado cual alambre,
decidió matar el hambre
con leche, pan y fiambre.

Como seguía tan delgado
recibía el mejor bocado
y al verse tan bien tratado
se creyó un gato mimado.

Su tarea eran los ratones,
mas él no entraba en razones;
siempre ocioso, entre fogones,
su vicio eran los tazones.

Hasta que un día al anciano,
harto del ocioso ufano,
lo agarró con firme mano
y lo exilio, por villano.

Lo encerró en la casa vieja
y hablándole en una oreja
le dijo: ¡No quiero queja,
caza y te abro la reja!

A mediados de semana,
una fresquita mañana,
mi abuelo, por la ventana,
vio al gato cazar con gana.

Sabedor que ejercería

su oficio con maestría,
antes de acabar el día
lo fue a rescatar mi tía.

Acurrucado en un paño
se hizo dueño del escaño,
roncando junto al de antaño
las frías noches del año.

Apostado en los rincones,
del sobrado y los salones,

acechaba a los ratones
sin tomarse vacaciones.

 

Un glacial día de enero
madrugó como el primero

y con rictus lastimero…

dijo adiós junto al puchero.

 

© Moisés G. M. 21/05/24

domingo, 26 de mayo de 2024

Sin niños no hay nada

Sin niños no hay nada


Hay niños tan ricos, con alma de pobre,
y niños de oro aunque sean muy pobres.
Hay niños felices, que no tienen nada,
y otros que con todo se quejan por nada.

A unos los empujan a disparar balas
y a otros los endiosan cual rey sin espada.
Los hay que presumen de ropas muy caras
y los hay, también, que ni botas calzan.

Si cuando son chicos tienen pura el alma,
¿por qué los adultos, con negras palabras,
sembramos en ellos la infame patraña
para que en su mente crezca la cizaña?

Yo quiero ver niños en todas las casas
que corran felices, respeten las plantas;
que a los animales no les den patadas
y que se embadurnen de barro la cara.

Sueño que la luna les dé noches claras;
se sientan queridos, duerman en su cama.
Que no tengan padres que solo trabajan
y que a los abuelos vean cada jornada.

Que vivan su vida, no la de quien manda.
Que nadie los odie por el Dios que alaban,
el país de origen o la lengua que hablan.
¡Que sueñen despiertos el hoy y el mañana!

Que luzcan sonrisas y amistades sanas
compartiendo besos, caricias, nostalgia.
Ya seas blanco, negro o de cualquier raza…
¡Respeta y Entiende, la Empatía es el Arma!



Terrassa, 07 de mayo de 2024
© Moisés González Muñoz
 

miércoles, 8 de mayo de 2024

Abuelo porque fui nieto

 Abuelo porque fui nieto

De niño, flaco e inquieto.

De pueblo, que no paleto.
Y como fui un feliz nieto
a mis abuelos… respeto.

Recordando su viaje
daré luz a aquel paraje
con algún que otro pasaje,
¡a su huella, mi homenaje!

Siempre vivos en mi mente.
Gente sencilla y valiente.
Por ellos tengo presente…
que a mis nietas, su simiente.

Deogracias era forzudo,
alto, alegre, testarudo,
incansable, corajudo,
educado y muy agudo.

Criaba hermosos conejos
que al verme, ya fuera lejos,
desoían mis consejos
y se metían tras los tejos.

Era el amo de un rebaño,
de cuya lana hacían paño,
con un pastor arto extraño
que bebía agua del caño.

Galopaba como un rayo
en su rocín color bayo
y se cubría con un sayo
hasta bien entrado mayo.

Cuidaba sus siete vacas,
unas gordas y otras flacas,
y cargaba con las sacas
con maña y sin alharacas.

Con él me iba yo a la era,
a la huerta o la pradera
poniéndonos por montera
cualquier trabajo que fuera.

María, inquieta y callada.
Austera, siempre atareada.
Seria, beata y recatada,
sufría por cualquier bobada.

Media vida en la cocina
su pitanza era divina
y combatía la rutina
al rescoldo de la encina.

Cebaba puercos glotones
que comían como leones
y a dos cerdas con lechones
que darían ricos jamones.

Solía rezar el rosario,
por las tardes, a diario,
con un libro centenario
que dejaba en el armario.

Visitaba el gallinero
con paso firme y ligero,
advirtiendo al gallo fiero:
¡quieto que vas al puchero!

Las manos siempre dispuestas.
Las puertas abiertas, prestas.
Comulgaba por las fiestas
detrás de las peripuestas.

De Valentín, mi otro abuelo,
solo me queda el consuelo
de que allá arriba en el cielo
reine el calor y no el hielo.

La otra abuela que tenía
andaba algo delicada
y en la silla se encogía
o se quedaba encamada.

Eutimia, en su ultramarinos,
vendía productos muy finos:
atún y arenques marinos,
gaseosa, arroces, vinos.

Ya fuera con frío o viento,
cogía el ganchillo del cesto
y con destreza y arresto
hacía tapetes a ciento.

De luto, vestía toquillas,
los pies en las zapatillas,
modelaba albondiguillas
y deliciosas rosquillas.

De todos guardo consejos,
no por ser lejanos, viejos:
sus caricias, sus abrazos,
besos de amor, sus regazos.

Hace décadas se fueron
como avecillas, volando.
¡Cuánta sapiencia dejaron
que yo sigo recordando!

Corrían tiempos de pesetas,
de vidas que me marcaron.
¿Sabré darles yo a mis nietas
lo que ellos me legaron?

Si ser nieto es una barca
de la cual fui marinero;
ser abuelo es como un arca
donde guardo con esmero…

Dos estrellas que venero
con amor puro y sincero.
Lucía y Carla, tanto os quiero,
¡que sin vuestros besos... muero!


Moisés González Muñoz.
Ávila, 23 de abril de 2024.



sábado, 25 de noviembre de 2023

Romance a GRManía, entre Tossa y LLoret.

Son las seis de la mañana
y GRManía está en danza,
con la luna por sombrero
y la mochila a la espalda.
Pasos, aún entumecidos,
surcan aceras calladas
a la luz de las estrellas
que nos guían a la parada.
Todos los que madrugaron
impacientes, allí aguardan,
y se remueven inquietos
por quienes hoy se retrasan.
Al producirse el encuentro
y cruzar nuestras miradas
se apaciguan las tensiones
y las manos se entrelazan.
Pasan raudos los minutos
y del autocar... ni el alma:
¿se habrá extraviado el piloto
o quedose entre las mantas?
De pronto, allá en lontananza,
cuando la angustia ya atrapa,
unos faros relucientes
pintan la noche aún cerrada.
Luego de los buenos días
ocupamos las butacas:
los más cuerdos adelante,
al final… ¡los de la traca!
Quienes pensaron dormirse
acunados en la «guagua»
no consiguen pegar ojo
con tanto grito y matraca.
Rodando por el asfalto
Venus le da paso al alba
quien con su llama de oro
enciende la Costra Brava.
Nada más llegar a puerto
-mejor dicho a una explanada-
descendemos en tropel
como ñus cruzando el Mara.
Callejeamos por Tossa
hasta varar en la playa
cuyas olas, cadenciosas,
entre la arena se apagan.
Aunque no estaba previsto
que el grupo se desgajara,
en dos trozos se fracciona:
allí, riesgo, y aquí, chanza.
Mientras el sol surca el cielo,
y nubes secas lo atrapan,
los cincuenta nos lanzamos
a Lloret en desbandada.
Atrás se quedó el Castillo
con su historia allí encerrada,
que violentaron intrusos
al patear su morada.
De pronto se oye a lo lejos:
¿Para cuándo esa parada?,
¿No veis que estamos ya viejos
y nos cuesta hilar zancada?
Entre dimes y diretes
hallamos una explanada
y ávidos los GRManos
montamos allí acampada.
Como la edad no perdona,
con tanto vino y pitanza,
quien no sufre de vejiga
padece dolor de panza.
Luego de hacer el recuento
el guía vuelve a la marcha;
yo saboreo unos madroños,
Pedro, del chumbo se aparta.
Desde el principio al final
la ronda es muy mareada,
a veces bordea mansiones
de paredes encaladas.
Otras pasa entre los pinos
o se oculta tras las matas,
y ya discurre entre piedras
o por pistas resecadas.
Antes venía por el llano,
ahora se adentra en las calas
 y, tras costosa, subida
surge la angosta bajada.
De repente se ve poco
solo cielo y altas ramas,
luego se abre el horizonte:
barcos, sol y mar plateada.
Sin apenas incidentes
ni pérdidas desdichadas,
por una agostada senda
vamos cubriendo la etapa.
Coronado el mediodía
la meta emerge, cercana,
y al fondo se alza una torre
sin arma en la barbacana.
Finalizada la etapa,
Lloret de Mar nos regala
un otoño veraniego
y un bello mar de agua brava.
En un hotel del paseo,
con la tropa derrengada,
liquido la lumineta
de panera tan ansiada.
¡Qué bonita es esta ruta!
¡Qué estampas tan bien pintadas!
¡Que rico sabe el bocata!
Mas.. como la “BIRRA”…NADA!





©Moisés González Muñoz
Terrassa, 25 de noviembre de 2023.

martes, 5 de septiembre de 2023

Soneto a un Misógino


Soneto a un Misógino


Se subió Mister Proper al estrado 
y en pie le recibieron los palmeros.
Los más babosos, juntos, los primeros,
cartera llena, zapato lustrado.

¡Lacayos míos, rebaño saciado!
¡Olvidad lo que vieran vuestros ojos,
pues no son sino inventos de piojosos,
prestados a ocultar que fui engañado!

Fue ella, la traidora, quien me asaltó.
Víbora infame, lengua viperina
que entre mis labios sus ansias hundió.

Si eres de la gente que no me creyó,
siendo, como soy, tipo de palabra.
¡Tócame los huevos… para macho, YO!

viernes, 2 de junio de 2023

La breva

La breva


Recuerdo una primavera,
cuando no lucía bigote,
que junto a la carretera
crecía un frutal hermosote.

Por allí no había escalera
así que me hice el machote
y brincando como fiera
me encaramé bien altote.

Al agarrarme a una breva,
para añadirla a mi bote,
la rama de aquella higuera
hizo crack y el muchachote,

como voladora hortera,
golpeado bien fuertote,
tras caída harto ligera
se estampó cual monigote.

Aplasté una tomatera
con un tomate verdote
y me embadurné de tierra
de los pies hasta el cogote.

Con la angustia por montera, 
a causa de aquel “rebote”,
me eché mano a la pechera,
la asfixia por capirote.

Luego de una tensa espera,
con un nudo en el gañote,
como triste plañidera,
maldije mi despelote.

Hoy, cuando veo una higuera
o le doy patada a un bote,
me río como si aún fuera
aquel feliz chavalote.

02 de junio de 2023.
© Moisés González Muñoz. 

martes, 8 de marzo de 2022

A ti, mujer.

A ti, mujer.

Cada noche que te sueño,
mi cuerpo busca tu cuerpo
como el marinero al viento.

Cada vez que veo tu boca,
mi boca busca tu boca
para compartir tu aliento.

Cada vez que te enamoro,
mi deseo busca tu anhelo
para fundirse allí dentro.

Cada vez que me despierto,
recupero la consciencia
y el amor sigue creciendo.

Cada vez que me abandonas,
me quedo con la esperanza
de que el sueño no es eterno.

© Moisés González Muñoz
Dramatización: Producciones Carballés


viernes, 4 de marzo de 2022

¡Malditas Guerras!

¡Malditas Guerras!

Hoy los pájaros no dan vida al cielo,
lo surcan bombas, cargas de mortero.
Y lloran niños porque el desespero
sus lechos sombró de horror y de hielo.

Vidas segadas yacen en el suelo,
risas que hasta ayer eran un lucero,
violadas por quien, con infame esmero,
desde sus tronos disparan con celo.

Inflamado el ego, los buitres, después,
buscarán más presas que sacien su sed
para que en la tierra no crezca la mies.

Si los monstruos vencen, sin sufrir revés,
una vez caigamos todos en su red
seremos lacayos lamiendo sus pies.

04 de marzo de 2022.
© Moisés González Muñoz. 
 
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miércoles, 9 de febrero de 2022

Escribir es lo de menos

Escribir es lo de menos.

Hoy, queridos compañeros, me voy a salir de madre
y en lugar de escribir serio convocaré un aquelarre.
No es que me crea muy listo, pues más bien soy algo cafre,
pero de un tiempo a esta parte vivo preso de un descuadre.

Antes de que os preguntéis que es lo que llevo entre manos
o abandonéis la lectura de estos cuatro versos vanos,
quiero hablar de algo candente que acontece a los humanos
y que, poquito a poquito, nos va atando pies y manos.

Sé que el tema es delicado y que me pueden dar fuerte,
pero llevo tantos años golpeándome en la frente,
que no me importa un pimiento lo que piense cierta gente
y no me vencen reparos si hay que tentar a la suerte.

Como no visto cordura ni calzo principios sanos
y no quiero dar lecciones a lectores ni escribanos,
pondré en solfa mis prejuicios, seguro que puritanos,
para expresar un asunto que deja mis pelos canos.

Voy, amigos, al meollo, que la aguja está enhebrada,
y a ver si zurzo algo en serio con la escritura versada.
Me refiero a una conducta que yo antes tuve aparcada
y que de un tiempo a esta parte me ocupa media jornada.

Hablo de tecnologías y de asuntos digitales
que según voces expertas conducen a los portales
y abren de par en par puertas a Cervantes sin caudales
desprovistos de mecenas que los hagan inmortales.

Puedes escribir de lujo y tu obra ser preciosa
pero si no le echas jeta y tu presencia no acosa
serás un número huero en esta selva grandiosa
de aspirantes que se vieron sepultados por la losa.

Hoy para alcanzar la fama, debes patear Las Redes
y tener mil compradores para venderles tus peces.
Has de ser un buen payaso y decir muchas sandeces
para embaucar a lectores, amigos y mequetrefes.

Si quieres ser destacado, entre tanto aventurero,
has de dedicar mil horas a teclear con esmero
entradas, reseñas, versos y camelarte al librero
o no venderás escoba aunque seas chamarillero.

Yo, que ansío superventas, me prodigo en letanías.
A veces cuento algo serio, otras simples tonterías.
Y mientras consumo horas y voy quemando energías
me abro a los desconocidos y olvido las cercanías.

En Facebook soy un hacha. Me desenvuelvo ligero.
Me llueven las amistades, más solo acepto a quien quiero
pues tras presuntos perfiles descubrí a un vil usurero
y a una chiquita muy mona que me ofreció su hormiguero.

En Twitter soy precavido y oculto bien mis manías,
que hace poco entré en conflicto por defender teorías
y me saltaron al cuello, mostrándome sus encías,
un grupo de nobles canes bastardos de señorías.

Según todos los adictos, Instagram es el presente,
pero o yo me esfuerzo poco o no he tenido la suerte
de publicar una historia que parezca algo decente
y que a mi escasez de amigos se le añada mucha gente.

Ayer por Messenger supe que soy hijo de herederos
que además de ser amables debieron ser muy austeros
pues me han legado fortuna recubierta de dineros
y solo con dar mi cuenta me la llenaran de ceros.

Por si hasta aquí fuera poco, el wasap también me mola,
cada día al despertarme me esperan haciendo cola
mil historias y mensajes que saltan como una ola
para evitar que mi alma se sienta perdida y sola.

Podría seguir tejiendo mi ristra de estupideces.
Los años me van gastando, desvarío tantas veces,
que entre modernos avances soy maestro de memeces.
Así que olvidadlo todo. No compréis mis idioteces.

Ya no os daré más la murga que bien os he maltratado.
Podéis cebaros conmigo, me lo tengo bien ganado.
Debí de hablaros de libros que es lo que había pensado
pero me he fui por las ramas cual viejo desmemoriado.

Lo peor de este dislate que me ha costado dos días
y me ha ocupado las horas maquinado tonterías
es que con tantas simplezas preñadas de ñoñerías
la lengua habré destripado, dejando reglas vacías.

Hasta aquí los desvaríos de un rehén de la ignorancia
que en vez de lectura amena compuso esta cosa rancia.
Si te has identificado dale al botón de Me Gusta
pero si te he defraudado… ¡no te ensañes con la fusta!

Moisés González Muñoz
https://sites.google.com/site/mgonza75
Ávila, 09 de febrero de 2022.