domingo, 17 de noviembre de 2013

Camí de Sant Jaume. (16/03/2013).

Por tierras de la Segarra. (La Pandella-Tàrrega). (16/03/2013).


Hoy nos disponemos a recorrer la Segarra. Comarca de “les de Ponent” situada en el altiplano que da nombre a la misma y en la cual abundan los campos de labranza dedicados preferentemente al cultivo de cereales. Caracterizada por un clima típicamente continental (fríos inviernos y tórridos veranos) ésta habitada por  “pageses” de la “terra” una de cuyas singularidades es la austeridad.

La Panadella: 8:30 horas de una fresquita mañana de Marzo.

No solo el desvió de la carretera ha afectado a nuestro emblemático punto de partida  (de paso obligado hasta hace unas décadas pero solitario a estas horas de la mañana), sino que el cambio climático ha ido enterrando las duras condiciones meteorológicas que antaño visitaban con regularidad estos lares. Atrás quedaron los duros inviernos en los que el blanco elemento solía ser asiduo compañero de lugar y sus transeúntes. Las constantes y puntuales nevadas, que hace unos lustros emblanquecían el paisaje y congelaban la vida de los lugareños, han pasado a mejor vida y se han convertido en hechos esporádicos que los jóvenes de hoy viven como algo mágico e idealizado.

Despedimos el alto en pos de nuestra meta (Tárrega), con la certeza de que ¡Hoy  Sí! daremos alcance a nuestros colegas de la avanzadilla. Tal convicción nos lleva a marcar un ritmo frenético durante los primeros kilómetros, hasta que nos percatamos del desparrame que nuestra incomprensible obsesión está generando los miembros de nuestro nutrido grupo.

En nuestro transitar por la Segarra nos acompañan, alternándose a uno y otro lado del camino, las coníferas del bosque Mediterráneo y los campos sembrados de cereales (cebada en su mayoría). En ellos observamos el lento pero inexorable crecimiento de los jóvenes brotes, que nos alegran la vista con sus diferentes tonalidades de verde, dependiendo del tipo de especie, la edad, la época de sembrado, la humedad  y la cantidad de rayos solares que alimentan sus raíces. El avance de las estaciones irá transformando el vergel actual en una gama de colores variados que, tras pasar por el naranja, mutarán al amarillo anunciando el secado de las plantas, el inicio de la siega y el final de sus cortas pero productivas vidas. ¡Alegría para nuestros esquilmados silos!.

Nos acompañan, en fincas salpicadas de maleza, alineadas hileras de olivos desprovistos de sus aceitosas y apetitosas drupas; compartiendo terreno y espacio con almendros cargados de blancas flores que presagian una buena cosecha otoñal de deliciosos frutos secos. Amenizan el idílico paraje campestre diversos pajarillos y otras aves autóctonas que con sus trinos y cantos primaverales anuncian los cortejos nupciales. Éstos, y tras la construcción de los nidos, darán origen a futuras crías de majestuosos vuelos y dueñas de una idílica libertad.

En el grupúsculo de cabeza, junto a los mentecatos que marcamos el vertiginoso ritmo, transita Chary. Sin apenas esfuerzo y hablando con la locuacidad y verborrea  de una cotorra desbocada, la damisela intenta justificar su ausencia en la Marathon de Barcelona aduciendo falta de preparación para el evento. En su afán desmedido por convencernos de tal sinrazón, a duras penas consiente que metamos baza en la conversación que mantiene con nosotros, sus acompañantes. 

Al ritmo de nuestros pasos, surge una amena y “profunda” conversación sobre los objetivos que los hombres tienen en su punto de mira cuando caminan detrás de una mujer. Tras arduas y acaloradas divagaciones, conseguimos llegar a la conclusión de que, perseguir un “pandero” como Dios manda alivia el caminar e impide la desorientación de los Peregrinos. ¡Nada mejor que señuelo tan atrayente para orientar a los dubitativos!

Para descartar cualquier tipo de dudas al respecto, ella misma (Chary), nos confirma  que de un tiempo a esta parte declina todas y cada una de las amables invitaciones que, procedentes del género masculino, la ceden, jovial y desinteresadamente el paso a la hora de ascender por las escaleras del metro y lugares parecidos; pues tales invitaciones no tienen como objetivo complacer a la dama en cuestión, sino aliviar los miserables y bajos instintos visuales de los hambrientos. Dicho lo cual, y sin que ella se percate, decidimos seguir la senda de su trasero para no perder más unidades por el camino, a pesar de que la moza decide negarnos sus encantos ocultando las posaderas tras una chaqueta colgada de sus caderas. Su obcecada conducta hace que la adelantemos sin miramientos y la abandonemos a su suerte. ¡Ni un solo lamento al hecho de que pueda ser pasto de los carnívoros del lugar!. ¡Bien merecido  lo tiene por insolidaria con los compañeros de fatigas!

Aunque el ritmo de nuestros pasos es elevado, el cielo permanece completamente despejado y el sol se eleva sin obstáculos hacia las alturas, la fresca brisa de la mañana nos obliga a mantenernos al amparo de nuestras zamarras.

Superadas las cuatro casas de Pallerols, somos asaltados de improvisto por el nauseabundo olor de una granja de gallinas que impregna el ambiente y castiga nuestra pituitaria sin compasión. Aligeramos el paso para liberarnos de tales efluvios en pos de San Antolín, el cual cruzamos sin apenas prestar atención.

Poco a poco, los adormilados estómagos despiertan de su letargo matinal y empiezan a solicitar nuestra atención. Descarta la incomodidad del camino por la falta de asientos, a la llegada a Sant Pere dels Arquells nos adentramos en el poblado y al lado de la Iglesia, en Parc de l’Avia Manela, decidimos acceder a sus demandas y complacer sus súplicas, dando buena cuenta de nuestros bocatas.

(De las facciones del primer pelotón apenas si tenemos noticias. No será hasta la hora de la comida, cuando la indiscreción de un destacado miembro del citado grupo, nos desvelará que ellos han desayunado bien sentaditos e incluso han localizado un centro de ancianos donde, por el módico precio de unos céntimos, se podía degustar un buen café y unos croissants. Nos llegará, igualmente, el rumor no confirmado, que mientras uno de los jefes delanteros proponía dar aviso del citado hallazgo a los rezagados, otro de ellos hacía oídos sordos y se negaba en rotundo a transmitir tal información.

De todas formas, aunque resulte difícilmente comprensible, doloroso y cueste de asimilar, admitiréis conmigo, que algo decente deben estar haciendo los jefecillos delanteros, pues de un tiempo a esta parte, aunque a cuenta gotas, aumenta poco a poco el número de sus miembros a la vez que disminuye inexorablemente el de los “nuestros”. Tal vez no sean tan “escasas” sus dotes de mando,  o simple y llanamente están sobornando a los débiles de espíritu con sus: rimas, desayunos en los bares, chistes graciosillos,  el pausado y ameno transitar,  o vete tú a saber que artimañas. Lo que se descarta absolutamente, por imposible, es que la culpabilidad “de los de atrás” en tal trasvase de GRManos. ¡Faltaría más!

A pesar de que hasta transcurridos varios Kms algunos no nos percatamos de su ausencia. Nos coge por sorpresa el abandono de nuestras huestes por parte de Don Ginés. Primeramente lo achacamos a una puntual obnubilación pasajera o despiste involuntario; más tarde surgen en nuestra mente dudas al respecto de sus supuestas cualidades: ecuanimidad, liderazgo, justicia y seriedad; hasta que finalmente consideramos, sin el menor atisbo de duda, que aquello no ha sido sino  una deserción en toda regla. Craso error el nuestro, pues  tras la correspondiente comilona del medio día, descubrimos el motivo de su noble actuación y le perdonamos todos y cada uno de sus múltiples pecados.

Resulta perfectamente comprensible que teniendo que acarrear en su mochila con innumerables cajas de bombones y botellas de cava, (para goce del personal) nuestro ilustre veterano  haya decidido acortar la etapa. ¿Qué mejor manera de liberar de un excesivo sufrimiento a su maltrecha espalda y empezar la jubilación como Dios manda? ¿Cómo evitar, sino, esfuerzos superfluos que puedan perjudicar el maravilloso transitar por la ociosa retirada que le espera? ¡Adiós a los vagos que no tocan un libro, a los malcarados que no respetan las canas y a los energúmenos de turno! Y también ¿por qué no decirlo? a los modélicos estudiantes (aunque escasos)  que ocuparon sus quehaceres diarios durante décadas de abnegada dedicación a la docencia. ¡Que usted lo disfrute muchos años y que nosotros lo veamos!)

Con el buche repleto y la digestión en pleno apogeo, reanudamos la marcha hasta toparnos con una encrucijada que siembra dudas en la mayoría de nosotros. ¿Para qué reagruparnos y consensuar la decisión sobre el rumbo a tomar? ¡Adelante con los faroles! ¡Qué espabilen y arreen los de atrás! ¡Faltaría más!

Sin dudarlo un solo instante, nos desviamos hacia la izquierda por una senda casi imperceptible y en fila de a uno caminamos por ella entre el arbolado. Jadeantes por el doble esfuerzo (ascenso y digestión) serpenteamos por la ladera, subiendo y bajando, y enfangamos nuestras zapatillas con el barro de la humedad producida por las recientes lluvias. De improviso, y deduzco que para espantar el miedo a la espesura del bosque, Fidel comienza a canturrear extrañas canciones. ¡Imposible identificar las melodías a causa del desafino de su pésima interpretación! Curiosamente, segundos después se une a él otro cantor de pésimo oído (Joan Lluis). Tal es el desvarió musical del coro en cuestión que, al instante, aparecen los primeros nubarrones en el impoluto cielo azul de la mañana. ¡Mal presagio!

Recuperamos de nuevo el ancho camino y en ese preciso momento, Don Ferrer, recibe una llamada telefónica que le informa de la pérdida (¡momentánea no se haga usted ilusiones!) de su María y de Caty. ¡Si hubieran seguido, como quedó claro anteriormente, alguno de los traseros que las precedían, no se hallarían ahora en la encrucijada y nos habrían evitado el desconsuelo que sentimos “todos” por su temporal ausencia (jajajajajaja)!

Don Josep (a grito pelado) nos informa del contratiempo  y nos conmina a detener la marcha en espera de las “perdidas”. Tras una leve pausa para reagrupar a los presentes, y tras conseguir que calle la boca el pregonero, hacemos caso omiso a su súplica lastimera y remolonamente reiniciamos la marcha. Abandonamos a nuestras amigas a la aventura, mientras a la derecha dejamos a un lado las casas de Vergós.

Enfrascados en nuestras chácharas y debates superfluos, y sin apenas echar la vista atrás en busca de las extraviadas, nuestros erráticos pasos se dan bruces con el rio Ondara. A su vera  recorremos el Camí dels Horts en dirección a ciudad de Cervera (título otorgado por Felipe V en 1702 por su apoyo en la Guerra de Sucesión Española). Las escasas y contaminadas aguas del río en cuestión riegan los campos y huertos del lugar, y sirven de aprovisionamiento para alguna que otra granja. De una de ellas (habitada por una nutrida piara de cerdos) emana un “perfume embriagador” que contamina el aire con su hedor y los acuíferos con sus  y apestosos purines.

Desconocemos si fruto del olor reinante, Fidel, retorna nuevamente a sus desafinadas odas, lo que conlleva la inmediata y creciente aparición de nuevos y negros nubarrones en el horizonte. ¡La amenaza de empaparnos hasta los huesos es ya un hecho incuestionable! Más aun, cuando Joan Lluis, echando más leña al fuego, comenta que las previsiones meteorológicas anunciaban precipitaciones para las primeras horas de la tarde, por la zona ¡Porqué no te callas… bicho de mal agüero!

Tras cruzar el escuálido cauce, enfilamos el camino que nos conduce a las puertas de la ciudad universitaria, la cual nos recibe, silenciosa y tranquila desde su atalaya, al amparo de las antiguas y derruidas murallas medievales. 

La conquista del barrio antiguo nos obliga a un sudoroso y cansino esfuerzo por la empinada Cuesta de San Francisco de Asís y demás calles adyacentes, hasta alcanzar la plaza de la Paería.

Nuestra “fe” cristina nos conduce a la Iglesia de Santa María (Templo gótico con importantes elementos románicos de su origen. Hacia mediados del siglo XI ya consta en una relación de parroquias del obispado de Vic. Coincidiendo con su fundación el año 1081 fue cedida del priorato de San Pedro Gros al monasterio de Ripoll. Durante la baja Edad Media, gracias a la pujante situación económica de la ciudad, se construyó sobre el antiguo edificio románico del actual templo de estilo gótico) para proceder a la visita de rigor, pero una vez más nos encontramos con el recinto cerrado y nos quedamos con las ganas de “orar” y disfrutar de sus maravillas.

Por cuestiones de tiempo, declinamos la visita a la Universidad (Mezcla de Barroco y Neoclásico, fue construida por orden de Felipe V, que en 1717 dictaminó una orden que suprimía las seis universidades existentes en Cataluña y preveía la creación de una única universidad en Cervera)mientras inútilmente desperdiciamos el mismo en la espera de las rezagadas y sus acompañantes. Aprovechamos, eso sí, las dependencias de la Policía Municipal para sellar nuestra credencial y observar como los agentes del orden, charlan y calientan las sillas de las dependencias con maestría y sin el menor rubor. Uno de ellos, ¡el muy gracioso!  Nos anima a seguir hasta Bellpuig como si aquello fuera pan comido ¡Claro, como él solo mueve el culo en coche oficial, difícilmente sus piernas notan el cansancio de los Km!

Después de la larga e infructuosa espera, y tras la correspondiente pérdida de calor corporal, nos ponemos de nuevo en danza y abandonamos la fortificación por una de las semiderruidas puertas de la antigua fortificación. De entre las ruinas de la antigua muralla, emerge un pedregoso e inhóspito camino, salpicado de desprendimientos de la misma, que en dirección Suroeste nos conduce de nuevo las márgenes de río.

En una ligera elevación del terreno en la confluencia del torrente Salado con el citado río de Ondara, nos topamos con la iglesia de San Pedro el Gordo, curiosamente cerrada (De estilo románico, el edificio responde a las formulaciones propias de la arquitectura lombarda del siglo XI y es uno de los mejores ejemplares de la arquitectura medieval catalana que adoptan la tipología de nave con planta circular. Destaca por ser la iglesia románica ubicada más al oeste de todas las construidas en este periodo. Es un monumento declarado bien cultural de interés nacional). A escasos metros de ella, (tal vez para mitigar el olor que, según los cronistas, desprendían los monjes de la época) se ubica una granja. En  este caso se trata de una majada que da cobijo a un rebaño de ovejas y, como no podía ser de otra manera, nos deleita con el perfumado olor a amoniaco de las heces de sus inquilinas.

A estas alturas de la jornada nuestra nariz está saturada de efluvios pestilentes, pero aun deben soportar otro, de procedencia desconocida, aunque de origen humano sin el menor tipo de dudas.

Para sorpresa de sus acompañantes, el siempre ponderado Doctor Antonio, olisquea el ambiente con cara de sabueso y tras diseccionar los elementos, cual experto cirujano en la materia, con voz firme y serena nos hace partícipes de su irrefutable diagnóstico. ¡Aquí huele a mierda! … Pueden ustedes imaginarse el cruce de miradas (acusadoras hacia los demás y exculpatorias de uno mismo) que se produce entre los 4 caballeros errantes. ¿Quién ha sido? Pero como al parecer ninguno de nosotros es el causante del desaguisado, reemprendemos la marcha haciendo conjeturas sobre el posible agente contaminador.

Apenas hemos cruzado la carretera cuando, de repente y como surgida de la nada, abajo y a la izquierda del camino, aparece la explicación a nuestra angustia: La Depuradora comarcal. ¡Eh aquí la causa del delito! La planta potabilizadora trabaja a destajo, a las afueras del poblado, intentando purificar las aguas residuales originadas por los quehaceres diarios de la zona. Superado el mal trago y liberados todos de la sospecha,  tramamos nuestra venganza hacia “ella”. Entonces, como niños traviesos, lanzamos diversas piedras a la balsa de aguas purificadas, no sin antes cerciorados de que nadie observa nuestra gamberrada.

Poco a poco el cielo va tiñéndose de gris oscuro y la amenazadora tormenta se aproxima sin remisión. A pesar de que Fidel ha renunciado definitivamente a sus gregorianos cantos, las funestas previsiones de Joan Luis son ya un hecho fehaciente.

Dejamos atrás la Segarra y a las puertas de El Taladell (Urgell) el aguacero hace acto de presencia y nos obliga a protegernos con chaquetas y chubasqueros. La fina y fresca lluvia que golpea nuestras mejillas, se ha convertido ya en nuestra compañera de fatigas. ¡El abandono de la peregrinación ronda nuestras mentes!

Para sorpresa nuestra descubrimos que, en la lejanía y al amparo de la Marquesina de la parada de autobús, se cobijan nuestros compañeros/as de vanguardia a la espera del autocar que les librará del chaparrón.

Solo nosotros, los valientes: Joan Lluis, Antonio, Fidel  y un servidor hacemos caso omiso al aguacero y nos lanzamos raudos y veloces en pos de la meta situada a unos 2 Km  de distancia, Tárrega. Mientras, los demás se acomodan en el autocar y “obligan” al conductor a volver sobre sus pasos para recoger a los más retasados a fin de liberarlos también del remojón.

Al amparo de balcones y edificios (algunos abandonados y otros a medio construir) completamos los 29 Km de nuestra etapa, como unos auténticos jabatos.

En los aledaños de la estación de Bus localizamos el Bar en donde procederemos a comer. Escogemos los privilegiados asientos reservados a los primeros en llegar y solicitamos urgentemente al camarero nos sirva las correspondientes cervezas a fin de  evitar que los buitres de turno nos priven de tan preciado tesoro.

La comida transcurre con normalidad hasta la hora de los postres, salvo por los imbebibles cafés que se sirven en nuestra mesa (desconozco si en alguna otra también) sacados al parecer de los posos de otros. Hacia el final de la misma, para sorpresa de algunos y regocijo de todos, aparecen de la nada los bombones y botellas de cava ya mencionados anteriormente, con los cuales el Jubilado Ginés justifica su “actuación”, nos hace participes de su ascenso al club de los liberados de obligaciones laborales y, a caso también ¿pretende comprar nuestra voluntad?

En la sobremesa, sin motivo aparente, soy objeto de actos de amabilidad desmedida por parte de Pedro, José Antonio, Fina y otras GRManas. El primero de ellos, levantándose repetidamente de su asiento, se acerca hacia mí y me ofrece bombones y parabienes con la mejor de sus sonrisas y un cierto tufillo a “peloteo”. El Psiquiatra, para no ser mensos, me hace partícipe de sus bondades, su capacidad de liderazgo, el ingenio y locuacidad de sus chistes, del exquisito trato que otorga a sus subordinados/as, a la vez que me informa de alguno de los hechos acontecidos entre sus allegados y allegadas. Por su parte, Fina, me “obliga” degustar un delicioso bombón de chocolate que al parecer compró el ausente Carlos y otras féminas me ofrecen galletas, chocolate y apetitosos dulces ¿A qué motivos responden los intentos por complacerme de todos ellos/as?

Destaca el esmero que ponen 6Q (Cisco), Josep Mª y la mayoría de las féminas en pasar desapercibidos. Desconocen todos que su habilidad para cobijarse en el anonimato, esconder sus cartas y mantenerse a la sombra sin dar señales de vida, no les librará de aparecer en los “papeles” el día menos pensado si este cronista así lo decide.



P.D. Aunque eso de correr más 40 Km sea una nadería al alcance de cualquiera, felicitamos a los Maratonianos por su hazaña. 

La Panadella a Tàrrega. (Blog GRManía).

Camí de Sant Jaume. (16/02/2013).

La jungla del asfalto (Igualada-La Panadella). (16/02/2013).

Por tercer sábado consecutivo, de madrugada,  la lluvia nos persigue implacable, pero por tercera vez conseguimos esquivarla y todo queda en un susto pasajero.

A pesar de la crisis, la corruptela, los sobres, la impunidad, el espionaje y demás lindezas que nos regalan los sinvergüenzas de turno, GRManía sigue fiel a sus principios y quien más quien menos hace lo posible y lo imposible por no faltar a la cita mensual con los amigos, el camino, la naturaleza y las distendidas charlas sobre temas de candente actualidad.

A pesar de que algunas veteranas, enfermas de  última hora, han decidido abandonar la aventura para no empeorar su estado de salud, contamos con la presencia de otra no habitual. 
Hoy batimos el record de asistencia de la temporada y ante la avalancha de traseros ávidos de asiento, hay que actuar con prontitud para asegurarse una plaza en la zona habitual del autocar. A la hora del acomodo, una de las ingenuas no habituales (¡pardilla ella!) pretende instalarse en el gallinero al lado de su marido, más la presta intervención de los “gallos” la conminan a dejar en paz a su abnegado esposo y aposentarse unos asientos más adelante, a fin de evitar la ruptura de la armonía, seriedad y discreción que caracterizan al loado grupo.

Algún graciosillo de turno nos vende la “burra” de que para evitar el asfalto de la urbe es aconsejable iniciar la etapa  a las afuera de la misma. ¡A otro perro con ese hueso! El tiempo y el discurrir de la jornada demostrarán  falacia de tal afirmación pues nos espera una jornada de 23 Km de asfalto puro y duro ¡Si lo sé no vengo diría algún sufridor a posteriori!

Como viene siendo habitual últimamente el grupo se fragmente en dos unidades. El primero  de ellos  está compuesto en su mayoría por féminas, a las cuales, y con la escusa de hacer de guías, se les han unido tres desertores  sin escrúpulos, otrora aguerridos caminantes. A la cabeza de la expedición hállese el  “PITU” de Don Aparicio que pavoneándose delante del gallinero (como vulgar Pavo Real) vanaglóriarse ante ellas de sus insuperables dotes para la orientación y el manejo de la bandada. Incomprensiblemente el presuntuoso es  seguido, cual macho dominante, por las sumisas ponedoras  ¿Qué demonios tendrá el citado “PITU” que se las lleva de calle y le obedecen sin rechistar y sin el más mínimo esfuerzo? Tal vez sea necesario crear una comisión parlamentaria que espíe al citado individuo, nos informe de sus debilidades  y nos permita desenmascarar las supuestas virtudes del ínclito personaje. Le acompaña como ayudante el Poeta Don Pedro. Sí, ese personaje de poca monta, sensiblón  e insustancial, que hace de la poesía y la palabra su bandera, como si no supiéramos los más avezados que la palabra y la rima son armas diabólicas que carga el diablo y que solo sirven para tergiversar la realidad, despotricar de las bondades de nuestros gobernantes y embaucar a los miserables en su lucha por la igualdad y los derechos universales. Finalmente, y para rizar el rizo, el tercero en discordia no es otro que el Psiquiatra del grupo. Individuo amoral que nos abandonó no hace mucho, a las fauces de las alimañas, bajo la escusa de que se había torcido un tobillo cuando lo que pretendía era tomarse unas cervezas a la sombra. Pero bueno ¿qué se puede esperar de personajes como éste,  que te “tumban” en el diván, te “obligan” a contarle tus secretos más inconfesables y una vez han conseguido sonsacarte todos tus pecados y tenerte cogidos por” tus partes”, te ofrecen soluciones irrisorias y te “invitan” a seguir visitándole una y otra vez, bajo amenaza velada de delación a tu santa esposa?  ¡Pobres damiselas incautas… si supieran en qué manos han puesto su suerte!

El variopinto y vigoroso grupo perseguidor,  integrado por damas de alcurnia y valientes caballeros, transita raudo y veloz en pos de la avanzadill, tras dejar a tras la Iglesia de San Ginés, la cual a duras penas es merecedora de una triste mirada por nuestra parte.

Todo transcurre según los cánones previstos y vislumbrándose la estación de Servicio de Jorba, estamos a punto de alcanzar nuestro objetivo y fusionarnos con el grupo delantero. Pero entonces sucede lo impensable y en el preciso momento en que la fusión está a punto de culminarse, para desesperación de los perseguidores, los liantes jefezuchos del pelotón de vanguardia hacen oídos sordos a nuestros gritos y súplicas, y bajo engaños y  triquiñuelas instan a las indefensas mozas del grupo de reconocimiento a aligerar la marcha a fin de no ser absorbidos por la jauría de atrás. Ni la suplicante llamada telefónica de Ginés a su esposa consigue convencer a los de Villadiego que pies en polvorosa desaparecen de nuestra vista.

Roto el encanto de la unión del grupo, los del pelotón de cola se esmeran en localizar un lugar donde desayunar y aliviar las respectivas vejigas. Los más primitivos de nosotros apunto estamos de ser pillados infraganti por los Mossos cuando pretendemos fumigar las plantas y arbustos del lugar. La aguda visión de nuestro Director Gerente Don Jordi  Herrera nos pone sobre aviso a los desalmados y de inmediato nos batimos en retira a los Servicios de la estación.  Cabe destacar el desespero y frustración de los ínclitos agentes del orden que, afilando sus colmillos y desenfundado sus libretas, ven truncadas sus expectativas de sacarnos los cuartos sin el menor atisbo de duda y comprensión. Mientras tanto, la cola en el lavabo de las señoras se alarga interminablemente y sin dudarlo dos veces las abandonamos a su suerte para que acaben tranquilamente sus  quehaceres.

En un recodo del camino, junto a los muros semiderruidos de un huerto  y al amparo del ruido de camiones y automóviles, nos disponemos a aligerar el peso de nuestras mochilas degustando el desayuno y dando buena cuenta de las exquisiteces que cada uno acarreamos en nuestras alforjas. Compartimos bocadillos, frutos secos, chocolate, vino, vodka  y café, y con sonrisas burlonas y palabras punzantes maldecimos y renegamos  de los esquivos e insolidarios compañeros de fatigas.

A escasos metros de nuestro improvisado comedor, un orejudo pariente de los Aznar (oséase un asno), atado de pies y manos (como el nuestro), barbudo, de mirada resabiada, indeciso, usurero, tozudo y con modales de burro, nos observa atónito amenazando con recortar nuestras provisiones y maquinando cómo proceder al correspondiente reparto de las mismas en sobres, con los que untar a sus adláteres y corruptos compañeros de aventuras PPeroPuyoleras. Al parecer se le conoce con el nombre de Mariano Mas Nostijeras.

Acabado el ágape reemprendemos la ruta y al pasar junto al pollino (que nos ha amargado el desayuno) maldecimos sus huesos, su ignorancia, su vileza y lamentamos la desgracia de tenerlo como presidente. Jamás jumento alguno, tan escaso de cualidades y carente de méritos, llegó tan alto y consiguió desgobernar  un país y cepillarse de un plumero los derechos adquiridos con sangre, sudor y lágrimas por nuestros antepasados.  

Con el transcurrir de los Kms el grupo queda totalmente fragmentado en paquetes de unidades diversas, sin apenas conexión visual entre ellos debido a la distancia que les separa.

Con las plantas de los pies machacadas por la dureza del asfalto  (suerte que no hace calor y nos ahorramos el cocimiento de pies) continuamos la etapa en pos del destino, ya sin la más mínima intención de alcanzar a los huidizos predecesores.

Avanzamos cansinamente por la vieja Nacional II que, cadavéricamente decrépita, a duras penas conserva minúsculos vestigios  de la grandeza e impronta de su glorioso pasado. A nuestro recuerdo afloran aquellos interminables desplazamientos por la España de los 70-80 enganchados al trasero de los abarrotados camiones de la época, que nos obligaban a adelantamientos en ocasiones suicidas sino queríamos alargar nuestro viaje más allá de la mitad de las vacaciones.

A la salida de Santa Mª de Camí se procede a un nuevo intento de reagrupación de la retaguardia. Amenizamos la espera  observando desde el exterior la Iglesia que da nombre al lugar, pues curiosamente permanece cerrada como la gran mayoría de las que el peregrino puede encontrar a lo largo del Camino. Su historia cuenta que inicialmente fue capilla u hospital situado a pie del antiguo camino real de Aragón, y priorato benedictino desde 1228, momento en que fue cedido a Santa Cecilia de Montserrat, que puso monjes e hizo levantar la actual iglesia, de características aún románicas. Es de una nave con capillas interiores que apuntan a un pequeño crucero y ábside semicircular a levante. El elemento decorativo más singular es la ventana, de estructura circular, que se conserva en el centro del ábside, formada por dovelas radiales surcadas por tres filetes concéntricos y enmarcada por una cenefa decorada con doble zigzag. Se conserva el escudo de Montserrat en la dovela central de la puerta de acceso, situada en la parte norte, recordando sus orígenes vinculados a Santa Cecília de Montserrat, y que desde 1539 fue propiedad de Santa María de Montserrat.
Algún que otro impaciente no consigue aguantar la espera y sin que la totalidad del grupo se haya compactado aun, se desata de nuevo la veda y cada cual a su ritmo reemprende la marcha hacia el alto de la Panadella, fin de nuestro suplicio asfáltico.

A ambos lados de la carreta dejamos atrás edificios ruinosos de lo que antaño fueran posadas y lugares de descanso para Peregrinos y arrieros, a los que los que el tiempo, los avances  y la modernidad dejaron en desuso, y el abandono y las inclemencias meteorológicas deteriorar a marchas forzadas.

Con las piernas más castigadas de lo habitual a causa de la dureza del recorrido, arribamos a la meta cansados y sin apenas apetito. Por fin dejamos atrás el machacón asfalto que nos ha acompañado durante toda la jornada y alcanzamos a los supuestos amigos y amigas.

 Lo que antaño fuera un lugar de “obligado” paso y descanso para viajeros y Caminantes; de masificación de vehículos y personas;  de colas en los Servicios y Gasolinera; de bullicio y jolgorio en Bares donde el dinero corría espuertas, es hoy un lugar relativamente tranquilo, venido a menos de forma meridianamente perceptible, ocupado solo por los antiguos habituales del lugar y los viejos añorantes de un pasado que siempre creemos mejor. El desvío de la Nacional II sepultó a perpetuidad el floreciente auge de aquellos prósperos negocios, convirtiendo la algarabía en silencio, la opulencia en míseras migajas y el esplendoroso pasado en un futuro incierto plagado de negros nubarrones.

En la sala-comedor, habilitada a tal menester por un Bar- Restaurante de los de toda la vida, entre sonrisa y sonrisa, dimes y diretes, comentarios jocosos y alguna que otra puya bienintencionada, procedemos o dar buena cuenta de nuestra comida. Mientras  el olor nada gratificante del sudor y la humanidad de los Peregrinos se mezcla con los efluvios del yantar, corren las cervezas de mano en mano y descienden por nuestro gaznate a velocidad de vértigo,  sin dar tregua a la camarera a reponer las existencias. Algún que otro espabilado que no había hecho su correspondiente pedido (¿verdad Joan Luis  y Antonio?) se hace el “longuis” y se apodera de la del vecino dejándole a éste a dos velas y más seco que la mojama.  

Fruto de la  descoordinación que nos caracteriza, en la sobremesa, nos zampamos sin control las galletas caseras que Jackie ha elaborado personalmente. Exquisitas en otras circunstancias, pero de ínfimo nivel si lo comparamos con el jamón de pata negra que tanto ansiábamos probar, y del que al parecer ya no queda sino el hueso pelado apenas servible para un triste caldo. Por si esto fuera poco, Blanca nos “obliga” a engullir su pastel de chocolate, también casero e igualmente delicioso; y para rematar la faena,  Carlos se pasea  entre las mesas con su caja de bombones. Llegados a este punto nuestro estómago solicita clemencia ante la ingesta desproporcionada de alimentos  y amenaza con explosionar si continua nuestra voracidad y  descontrolada gula.

De lo anteriormente expuesto se deduce que de nada sirve perder 500 gramos en sufridas caminatas para luego atiborrarnos de suplementos y recuperar lo perdido, y con creces, en apenas unos minutos.  

A punto de emprender el retorno, y mientras esperamos la apertura de las puertas del autocar para proceder al regreso, unas vigas de cemento colocadas en el techo de una nave en decadencia dan paso a una amena y enriquecedora conversación sobre las mismas: su colocación, el tiempo que llevan en tal posición, el motivo por el cual están allí, el supuesto uso que los dueños dieron o piensan dar a las mismas, etc, etc…. Y es que este variopinto grupo de GRManos es capaz de sacar punta a un lápiz de acero con una hoja de papel de fumar.
Una vez a bordo y aposentados cada uno en nuestro asiento, un paparazzi sin escrúpulos haciendo de su capa un sayo se dedica a inmortalizar gráficamente a nobles personajes que, con los ojos cerrados y en silencio, meditan sobre las bondades del Camino y la belleza del lugar. Obtiene de esta guisa, y sin la pertinente autorización, imágenes fotografías de los reflexivos filósofos, para posteriormente , saltándose a la torera impunemente los derechos de autor y las normas de propiedad  intelectual,  publicar vía WhatsAp las citadas instantáneas  sin demostrar ni un atisbo de respeto o vergüenza torera y haciendo caso omiso a la SGAE.

En uno o dos días ¡Vive Dios! presentaremos la correspondiente querella contra el infractor, para que se cumpla aquello de que: ¡Quien la hace la paga y que cada palo aguante su vela!

De Igualada a la Panadella. (Blog GRManía).

Camí de Sant Jaume. (19/01/2013).

De Can Massana a Igualada. (19/01/2013).

Con una semana de retraso a causa de las inclemencias meteorológicas, retornamos a Montserrat para recorrer el paraje que nos conducirá a Igualada.
Inesperadamente y por sorpresa, la mañana amanece oscura y lluviosa, y más de uno nos llevamos una ingrata sorpresa al levantar la persiana y comprobar que el agua puede ser nuestra inseparable compañera durante la jornada. Quien más quien menos es asaltado por la duda de si seguirá en pie el plan o se habrá declarado una nueva suspensión a fin de evitar el aguacero.

Como suelo ser de los últimos en llegar al embarque y hoy he llegado de los primeros, mi corazón sufre un aceleramiento repentino ante la ausencia del autocar en el parquin y la imperceptible presencia de GRmanos  en el lugar de nuestro encuentro. Sin embargo, para alegría de mi cuerpo y sosiego de mi corazón, a escasos metros de mi destino oigo voces amigas y percibo movimiento en la parada del autobús.  Cuatro madrugadores Grmanos, adelantándose al autocar, se han cobijado allí de la molesta lluvia y me dan la bienvenida entra sonrisas de complicidad y suspiros de alivio por las dudas despejadas.

A parte de la inesperada lluvia, la mañana nos depara otra desagradable noticia. Joan Lluis nos informa de que nuestros amigos, Antonio y Maribel, han debido suspender su participación en la etapa, a última hora, ante el empeoramiento del estado de salud de la madre de Antonio. Desde la lejanía todos deseamos una mejoría de la enferma, aunque los que conocemos su estado sentimos cómo la preocupación hace mella en nuestra mente. Nadie, sin embargo, imagina que el fatal desenlace esté tan próximo. Desde aquí, amigo Antonio, todo mi apoyo, un fuerte abrazo y ánimo para seguir luchando pues la vida sigue su curso y nos quedan muchas alegrías que compartir.

Más callados de lo normal, preocupados y expectantes, observamos la lejanía e intentamos descifrar qué nos deparará el tiempo en las próximas horas. A medida que abandonamos el Vallès y nos acercamos al punto de partida el cielo nos da una tregua y poco a poco van desapareciendo los amenazadores nubarrones que oscurecían nuestro panorama.
La orografía de la etapa de hoy presenta alguna que otra dificultad en ciertos tramos iniciales, según los informes de nuestros ilustres Pedro y Josep que, tras muchos años de batallas y peleas con la muchachada han decidido colgar los hábitos, ceder la tiza a la juventud y dedicarse a aventureros exploradores de rutas diversas. La lluvia de los pasados días y la helada nocturna complican un poquito más estos tramos y disuaden a algunos GRmanos/as de de tal aventura. Finalmente el grupo se fragmenta en dos. Mientras la mayoría de los caminantes se desplaza  en autocar hasta el punto de partida de la etapa de hoy, Can Massana (lugar donde finiquitamos la anterior etapa), los más valientes (14) afrontamos el tramo inicial, pedregoso, de toboganes y algún que otro paso dificultoso, con decisión y alegría. Eso conlleva la imposibilidad de reencontrarnos ambos grupos durante la etapa, pues nos separan unos 6 Km y dos horas de camino.

Comprenderéis que no puedo hacer mención de lo sucedido en el grupo delantero, así que me ceñiré exclusivamente a acaecido en los Indiana Jones.
Abandonada la carretera nos adentramos en el bosque por una estrecha, pedregosa y empinada senda. Las bajas temperaturas nocturnas han dejado sus huellas en forma de helada en las hojas de las encinas, madroños, aladiernas, madreselva, bojs y demás pobladores del citado bosque y también en los pequeños charcos del camino, aun congeladods. Mientras transitamos por entre el arbolado, el frío cala nuestros huesos y el vaho que desprenden nuestras vías respiratorias confirma el contraste de temperaturas. En fila de a uno avanzamos a buen ritmo hasta superar el desvío de la Teresita donde sufrimos la primera pérdida en nuestro transitar. El que creíamos infalible guía (Don Jaume Pavón) das muestras de flaqueza y pierde el rumbo, lo que nos obliga a convertirnos en improvisados escaladores. Por suerte, el otrora infalible y avezado explorador,  se percata  de su error y nos conmina a detener la marcha, volver sobre nuestros pasos  y localizar el camino correcto. La agudeza visual, la astucia y el olfato felino de Ana y Carmen apaciguan las dudas, liberan la congoja que devoraba nuestro interior y ¡benditas ellas! nos devuelven a la senda correcta.  

Aunque solo sea por una vez y “sin que sirva de precedente”, de justos es reconocer que el ingenio de las féminas fue más certero que los Gps de Don Pavón, Don Ginés y el de un servidor (que no tenía ni la más repajolera idea de cómo funcionaba).

Reiniciada la marcha, en un descuido involuntario, apunto estoy de ensartar a Ana con uno de mis bastones, por lo que recibo la correspondiente y merecida reprimenda y aunque prometo no volver a caer en el error, solo el tiempo confirmará si cumplo o no mi promesa. Si alguno de ustedes, en el futuro, vuelve a ser agredido por otro de mis bastones ruego perdone mi torpeza y tenga la seguridad de que el ataque fue absolutamente involuntario por mi parte. Si mi neurona tiene problemas para caminar y respirar a la vez, pónganse en mi lugar, si a lo anteriormente citado, añado el hecho de controlar los bastones mientras hablo sin parar de temas banales.

A medida que discurre la mañana (ya sin nubarrones en el horizonte) ganamos altura y el paraje nos regala sus maravillosas vistas. A nuestros pies el Bages surcado por el Llobregat, algo más lejos las tierras del Vallès, un poco más allá el Montseny y en lontananza el Prepirineo y los Pirineos coronados por el manto de blanca nieve en sus cotas más altas.
A mitad de nuestro suplementario camino ascendemos por una empinada escalinata, aferrados a una cadena que facilita el ascenso e impide el salto al vacío de los peregrinos. Minutos más tarde atravesamos, a gatas, un pedregoso y resbaladizo paso, último obstáculo en nuestra aventura por estos lares.

Durante en buen rato caminamos al amparo de las agujas y rocas graníticas de Montserrat, entre las que destacan la cadireta que sirve de parada para reagrupar la minúscula pero dispersa manada y remojar el gaznate, mientras los amantes del arte inmovilizan con sus cámaras tan preciado trofeo.

De improvisto, se produce un despelote general de jerséis y sudaderas con el fin de aliviar los calores del cuerpo. ¡No imaginen los malpensados ningún tipo de orgia o bacanal entre los allí presentes! Todos, incluso un servidor, somos gente decente.
Poco a poco el gusanillo del hambre hace acto de presencia en nuestros estómagos. Inconscientemente aligeramos la marcha hasta el merendero situado en Can Massana donde, apoltronados en las mesas, degustamos nuestros manjares mientras combatimos el frío que cala nuestros huesos. Corren las galletas, el chocolate, los apetitosos frutos secos de Don Ginés, el morapio de Don Ortega, el delicioso té de Doña Cati y un exquisito bizcocho de chocolate, elaborado por la parienta de Don Pavón, con el cual el susodicho guía pretende pagar sus pérdidas de rumbo mañanero. Sin embargo, serán necesarios, como mínimo, un par más de bizcochos como ése para que nuestra confianza en el faro del grupo vuelva a ser la que fue ¡Apuntado queda!

Algún ingenuo osa comentar lo difícil que será atrapar al grupo delantero, ante lo cual se desatan una serie de maliciosas carcajadas que delatan la candidez del comentario. Poco después constataremos que mientras nosotros recorremos los últimos 6 Km, los más listos hace ya rato que recorren las calles de Igualada, beben cerveza en sus terrazas, visitan lugares de interés y alguna que otra saca brillo a sus tarjetas y vacía su monedero en compras varias. Bragas y calzoncillos se llevan la palma, entre las compras compulsivas de los/as GRManos.

Dejamos atrás Can Massana y afrontamos un corto pero duro tramo en ascenso que nos llevara a coronar el Bruc. De nuevo nuestro despistado guía pierde el rumbo y nos obsequia con unos centenares de metros de propina, aunque nuevamente rectifica a tiempo y tras desandar un trecho del camino nos conduce de nuevo a la senda correcta. Mientras tanto, inútilmente, sigo luchando con mi incapacidad para poner el Gps en funcionamiento. Mi ignorancia en el tema me impide sacar provecho a las horas empleadas por Don Josep Ferrer en acondicionar mi aparato. Tendré que volver a clase y prestar más atención a las explicaciones del experto para no reincidir en el error y aprovechar las virtudes del aparatito en cuestión.
Franqueamos la A2 por un puente sobre la misma y nos sumergimos en la tortura del asfalto que no abandonaremos hasta el final de nuestra etapa.

Atravesamos Castellolí donde ondean múltiples y variadas senyeres y esteladas, dejando atrás carteles de “ SE VENDE” y huellas imborrables de los años de bonanza del ladrillo,  la cultura del pelotazo urbanístico y los sobres “negros”.  Vestigios imborrables del… ¿Qué hay de lo mío?

Más adelante, tras la pertinente reagrupación de los andarines a la altura de Ca N’alzina, somos asaltados por un nauseabundo olor a cloaca y estiércol que penetra en la pituitaria y se mezcla con un arduo debate literario sobre las 50 Sombras de Grey, su calidad literaria, la veracidad de la historia, la sexualidad femenina y otros temas para nada baladís.

Cocidos los pies por el asfalto nos aproximamos a Igualada, a la entrada de la cual nos dirigimos a una gasolinera, no  para repostar sino para liberar nuestras vejigas. Previa petición de la llave procedemos a la micción y liberados de nuestra angustia afrontamos los últimos pasos de la mañana en dirección a la plaza en la cual, bien aposentados, nos esperan nuestros amigos para dar cuenta de la comida y la ansiada cerveza de costumbre.

Al calor de los oblicuos rayos de sol del mediodía. Aposentado en su mesa, con el puño cerrado y los caudales a buen recaudo, Don Paco Ortega suelta la mosca y procede al reparto de los dineros de la lotería de Navidad. Más que ganar hemos dejado de perder un poco, pero menos da una piedra y algo es algo.

La algarabía por el cobro, es aprovechada de inmediato por Josep Ferrer para atracar nuestros bolsillos con el adelanto de la reserva del Camino de Santiago. Y como bien sabemos todos que la alegría es efímera en casa del pobre,  lo que acabamos de coger con una mano sale multiplicado por dos, por la otra, para no regresar jamás. ¡Nuestro gozo en un pozo!

Finiquitado el ágape enfilamos pausadamente el camino hacia el autocar, pero no todos llegamos a nuestro destino en tiempo y hora, pues unos compradores compulsivos descubren una tienda de rebajas y en manada invaden el local, vacían las estanterías y, sin miramiento, hacen acopio de bragas y calzoncillos de cierta marca. Los hay que compran las prendas en paquetes de a siete (una para cada día de la semana), otros las adquieren paquetes de a cuatro (una para cada semana del mes) y los más agarrados (por no decir otra cosa) salen provistos de paquetes de a doce (una para cada mes). Yo no necesito comprar, pues aun me duran los de este año y apenas llevamos transcurrido un mes del presente 2013.

Tras la pertinente espera, los comentarios de turno y alguna que otra indirecta, nos acomodamos en el autocar y emprendemos el retorno a nuestros hogares. La cortedad del trayecto apenas permite a una cabezadita que silencia el ambiente pero no da lugar a los consabidos ronquidos.

Fotos Etapa (Blog de GRManía).



Dinar de Germanor de Nadal. (23/12/2012).

Caminada pel Parc de Sant Llorenç i dinar de germanor de Nadal. (23/12/2012). 

Diu el “refrany” (dita) que “Qui dia passa any empeny”. Doncs  bé,  dia rere dia hem anat empenyent aquest 2012 i ara el tenim  a les acaballes. Un altre any de “Crisi” (¡ vam quants i quan resten!), maleït per a molts, passable per a d’altres i, encara que costi de creure,  esplèndid per a una minoria.
Tranquils... ! No penso atabalar-vos amb la fastigosa “crisi”que ens persegueix com l’estela del mar persegueix el vaixell que navega per aigües tranquil·les, però, com que sóc una mica ingenu,  somniaré que el final és a prop i ens esperen dies de vins i roses.
Com és habitual per aquestes dates, i gràcies a la competència organitzativa dels nostres estimats “Pacos” , hem gaudit d’una magnífica etapa per la Muntanya Màgica de Sant Llorenç, i d’un acollidor, fantàstic i rialler dinar de germanor. 
La fresca matinada ha donat pas a un esplèndid dia, clar, alegre i solejat que ha fet possible una jornada inoblidable.  Sembla mentida la quantitat d’itineraris transitables que hom pot trobar en aquesta muntanya i per uns quants de nosaltres (potser la majoria) el d’avui  era gairebé desconegut .  
Xino, xano hem anat deixant enrere el nostre punt de sortida-arribada (Cavall Bernat), tot intercanviant opinions, somriures i anècdotes que espontàniament fluïen del nostre interior, alliberant-se de les cadenes a les quals la nostra ment tenia lligades.
A ritmes diferents (com sempre),  però sense perdre el rumb, ni deixant despenjada cap unitat, hem anat transitant per la senda que ens havia de portar a l’idíl·lic lloc triat pels nostres guies per a carregar les piles. Magnífiques les vistes que el turó ens ha ofert de les serralades i valls que dormiten a l’ombra de la muntanya. Acostumats a veure el paisatge, gairebé sempre des d’un mateix angle,  un s’adona dels diferents matisos i punt de vista que una mateixa cosa pot tenir depenent del lloc  i la manera d’observar-la.
A la ja tradicional bota de “morapio” de Don Ortega, avui hem hagut d’afegir una altra petita i negra d’en  Rafael i n’ Aurèlia, de la qual manava un dolç i embriagador manà que ha fet les delícies de la gran majoria de nosaltres. Saborós i exquisit, igualment,  el té de Cati, “l’esperit de vi” de l’Antonio , la xocolata, els fruits secs  i d’altres menudalles de la resta de companys.
Ni les meravelloses vistes, ni la ingesta dels mencionats “manjars”, ha fet canviar la cara de pomes agres d’en Paco Toya, envers la meva persona. Total... perquè m’havia  gastat els seus calerons de la llumeneta en cava i no pensava pagar-li les factures pendents... Només l’heroica intervenció  del nostre Senyor Ministre, fent-se càrrec del Deute Subordinat del Troyà, a apaivagat la situació i les aigües han tornat a mare. ¡Home de poca fe aquest Troyà!.
A les primeres hores del matí (mentider/a aquell/a que digui el contrari... jejejee), molts de nosaltres hem somiat, encara que fos de manera passatgera,  que avui era el nostre dia de la sort i el destí ens visitaria acompanyat de la “Grossa de Nadal” i amb la panera de la llumeneta sota el braç.  Cruel destí ens esperava als somiatruites!
Amb la panxa plena i mig adormidets per l’escalfor del solet  semblava ser que ningú volia marxar d’aquell indret. A calgut l’ordre enèrgica del nostre cap del tropa per treure’ns de l’estat vegetatiu al qual havíem caigut la majoria i, amb les cames fent figa, hem reprès la marxa cap a la Roca encavalcada. A destacar la gran quantitat d’insults i renecs que, sobre el citat cap de colla, ocupaven les ments de la majoria de Grmanos, però que cap agosarat ha tingut de valentia de verbalitzar per por a futures represàlies . Maleït home!
Després de transitar una estona pel camí que transcorre entre la Mola i el Montcau , i tot just abans d’arribar al pelat massís, hem girat a la dreta, i perduts entre arbres i matolls, hem arribat a la roca encavalcada. Sort que en Jaume portava una  corda de seguretat, doncs l’ínclit Jordi Herrera volia fer de Superman i saltar al buit com si fos un ocell volador. No sense esforços, i posant en perill la nostra vida, hem anat baixant, un a un, al lloc on s’havia atrinxerat l’home ocell, per fer-li entendre que si saltava fotaria un pet com un aglà i ... Adéu-siau!
En un intent desesperat  i per tal de salvar la vida del  “suïcida”, algú s’ha tret de la butxaca un pessebre de Nadal i enfilant-se a la copa d’un arbre de més de 100 metres d’alçada l’ha col·locat allà dalt, mirant a la Moreneta , per tal de veure si la Verge ens lliurava de la tragèdia. Veient  que la cosa no feia bona cara, angoixats i amb llàgrimes al ulls, en un darrer intent desesperat , els Gramíacs han començat a entonar estranyes cançons  anomenades Nadales, que a més de provocar la conseqüent desbandada d’ocells  pretenia estovar l’enteniment del curt de gambals.  Diversos testimonis fotogràfics avalen aquesta afirmació irrefutable. Finalment  i després d’àrdues negociacions (potser la Verge també ha fet la seva) , hem aconseguit convèncer el citat individu de la inconveniència del salt i el tocat del bolet ha  accedit a lligar-se la corda a la cintura, deposar la seva actitud i deixar per a un altre dia el salt al no res. Això sí, a canvi de la seva renúncia haurem d’aguantar els seus acudits i anècdotes sense fonament per sempre més. Ja se sap...els fills únics son així de consentits!
Rescatat el boig, i amb el cor encongit, hem reprès la marxa cap al final de la nostra aventura Nadalenca (el Restaurant Cavall Bernat) on, entaulats, volíem oblidar el patiment de la jornada amb un àpat pantagruèlic i unes quantes copetes de cava.
Quan érem a punt de començar el dinar hem rebut la noticia, per tots i totes desitjades, sobre qui era l’afortunat que s’emportava la panera. Malauradament, el destí parlava anglès i de manera errònia, irrespectuosa i inconscient  la sort ha posat a les mans de la nostra amiga Jackie unes viandes que de ben segur ella ni sabrà valorar ni molt menys treure-li  el profit que jo mateix li hauria pogut treure. Alguns de nosaltres hem empleat les nostres millors armes per tal de xafar-li la guitarra (en aquest cas pernil) a la girl. Educada i desinteressadament, i amb el millor del nostres somriures, hem intentat fer-li entendre a la de les “Antípodes” que el seu paladar no estava preparat per a aquestes “delicatessens” i que fóra convenient lliurar el contingut de “taüt”a qualsevol de nosaltres, experts degustadors de pernil, xoriço i vins ibèrics. Però nones... quan pensàvem que allò seria bufar i fer ampolles, hem hagut de fotre el camp, escampar la boira i marxar amb la cua entre les cames. The illustrious young girl, no baixava del “burru” i no  hi ha hagut manera!... Comprensible... coneixent com coneixem tots nosaltres  (oi companys masculins) la tossudesa del gènere femení , amb l’afegit, a més a més,  de la seva procedència Anglosaxona.  Bé... si no queda altre remei... ¡Bon profit... que hi farem!
A l’entrada al menjador, en Jaume Valls ens ha lliurat als col·laboradors al Romiatge de Montserrat  una bonica felicitació Nadalenca i una “inútil” participació per la Grossa de Nadal. Inútil, doncs de tots és coneguda la informació privilegiada que des de les altes instàncies del Vaticà rep el mencionat GRMano, i tot i que ell intentarà demostrar la seva innocència ningú es pot creure que desconegués quin seria  el nombre agraciat amb el primer premi. De ben segur ell s’ha quedat per a la seva butxaca el  76058 i a nosaltres ens ha fet arribar el aquest altre número totalment insubstancial. 
Un cop buidats tots els plats (alguns semblaven no haver menjat els darrers mesos) i fruit de la ingesta descontrolada de vins, cava i licors, la pacífica festa a esdevingut un “sarao” inaguantable d’il·lustres poetes i mediocres cantants  d’opereta, que cridant com bojos i desentonat com guitarres desafinades vociferaven cançons sense sentit, al·lusives a no se sap quin nen anomenat Jesús i a una mare que incomprensiblement ens presenten com a Verge. Algú , per molt ingenu que sigui, es pot empassar allò de que es pot ser Mare i Verge  alhora.  Jo ho intento però em costa de creure  i assimilar-ho. No sé a vosaltres!
A les acaballes de la festa i per acomiadar amb alegria aquest fastigós any de retallades i misèries, na Maria Torres ens ha obsequiat amb unes decoratives, dolces i gustoses galetes que feia pena menjar-se-les de tant boniques que eren.
Entre llàgrimes de comiat, petonets innocents  i paraules sense sentit  (a causa de l’estat d’embriaguesa de molts de vosaltres)  s’ha fet el repartiment del cava sobrant , per tal de mantenir les ments “abotargadas” durant aquestes Festes i així evitar el pensar què ens depararà el proper 2013.

Bones Festes i Feliç Any nou a tots !

PD. Afegeixo jo sense por a equivocar-me gaire allò de... Que Déu ens agafi confessats!

Caminata por el Parque de Sant Llorenç y comida de hermandad de Navidad 2012. (23/12/2012).


Dice el “refrán” (dicho) que “Quien día pasa año empuja”. Pues bien, día trás día hemos ido empujando este 2012 y ahora lo tenemos a las postrimerías. Otro año de “Crisis” (y vamos cuántos y cuando quedan), maldito para muchos, pasable para otros y, aunque cueste de creer, espléndido para una minoría. 

Tranquilos... ! No pienso agobiaros con la asquerosa “crisis”que nos persigue como la estrella del mar persigue el barco que navega por aguas tranquillas, pero, como que soy un poco ingenuo, soñaré que el final está cerca y nos esperan días de vino y rosas.

Como es habitual por estas fechas, y gracias a la competencia organizativa de nuestros estimados “Pacos” , hemos disfrutado de una magnífica etapa por la Montaña Mágica de Sant Llorenç y de una acogedora, fantástica y risueña comida de hermandad. 

La fresca madrugada ha dado paso a un espléndido día, claro, alegre y soleado que ha hecho posible una jornada inolvidable. Parece mentida la cantidad de itinerarios transitables que se puede encontrar en esta montaña y para unos cuántos de nosotros (quizás la mayoría) el de hoy era casi desconocido.

Pasito a pasito hemos ido dejando atrás nuestro punto de salida-llegada , intercambiando opiniones, sonrisas y anécdotas que espontáneamente fluían de nuestro interior, liberándose de las cadenas a las cuales nuestra mente tenía ligadas. 

A ritmos diferentes (como siempre), pero sin perder el rumbo, ni dejando descolgada ninguna unidad, hemos ido transitando por la senda que nos tenía que traer al idílico lugar elegido por nuestros guías para cargar las pilas. Magníficas las vistas que el cerro nos ha ofrecido de las cordilleras y valles que dormitan a la sombra de la montaña. Acostumbrados a ver el paisaje, casi siempre desde un mismo ángulo, uno se da cuenta de los diferentes matices y punto de vista que una misma cosa puede tener dependiendo del lugar y la manera de observarla. 

A la ya tradicional bota de “*morapio” de Don Ortega, hoy hemos tenido que añadir otra pequeña y negra de Rafael y Aurèlia, de la cual mandaba un dulce y embriagador maná que ha hecho las delicias de la gran mayoría de nosotros. Sabroso y exquisito, igualmente el té de Cati, “vodka” de Antonio , el chocolate, los frutos secos y otras aperitivos del resto de compañeros. 

Ni las maravillosas vistas, ni la ingesta de los mencionados manjares, ha hecho cambiar la cara de manzanas agrias de Paco Toya, hacia mi persona. Total... porque me había gastado la pasta de la lumineta en cava y no pensaba pagarle las facturas pendientes... Sólo la heroica intervención de nuestro Señor Ministro, haciéndose cargo de la Deuda Subordinada del Troyano, a apaciguado la situación y las aguas han vuelto a su cauce. ¡Hombre de poca fe este Troyano!.

A primera hora de la mañana (mentiroso/a aquel/a que diga el contrario... *jejejee), muchos de nosotros hemos soñado, aunque fuera de manera pasajera, que hoy era nuestro día de la suerte y el destino nos visitaría acompañado del Gordo de la lotería y con la cesta de Navidad bajo el brazo. Cruel destino nos esperaba a los soñadores!

Con la barriga llena y medio adormilados por el calorcillo del sol parecía ser que nadie quería marchar de aquel lugar. A hecho falta la orden enérgica de nuestro jefe del tropa para sacarnos del estado vegetativo en el cual habíamos caído la mayoría y, con las piernas flaqueando, hemos retomado la marcha hacia Roca encajada. A destacar la gran cantidad de insultos y tacos que, sobre el citado capataz, ocupaban las mentes de la mayoría de Grmanos, pero que ningún osado ha tenido de valentía de verbalizar por miedo a futuras represalias . Maldito hombre!

Después de transitar un rato por el camino que transcurre entre la Mola y el Montcau , y apenas antes de llegar al pelado macizo, hemos girado a la derecha, y perdidos entre árboles y matorrales, hemos llegado a la roca encajada.   Suerte que Jaume traía una cuerda de seguridad, pues el ínclito Jordi Herrera quería hacer de Superman y saltar al vacío como si fuera un pájaro volador. No sin esfuerzos, y poniendo en peligro nuestra vida, hemos ido bajando, uno a uno, al lugar donde se había atrincherado el hombre pájaro, para hacerle entender que si saltaba “explotaría como una bellota” y ... Adiós muy buenas! 

En un intento desesperado y para salvar la vida del “suicida”, alguien se ha sacado del bolsillo un pesebre de Navidad  y enfilándose a la copa de un árbol de más de 100 metros de altura lo ha colocado allí arriba, mirando a la Moreneta , para ver si la Virgen nos selvaba de la tragedia. Viendo que la cosa no tenía buena cara, angustiados y con lágrimas en los ojos, en un último intento desesperado, los Gramíacos han empezado a entonar extrañas canciones llamadas Villancicos, que además de provocar la consecuente desbandada de pájaros pretendía ablandar el entendimiento del corto de entendederas. Varios testigos fotográficos avalan esta irrefutable afirmación. Finalmente y después de arduas negociaciones (quizás la Virgen también ha hecho lo suyo) , hemos conseguido convencer el citado individuo de la inconveniencia del salto y enfermo mental ha accedido a ligarse la cuerda a la cintura, deponer su actitud y dejar para otro día el salto al nada. Eso sí, a cambio de su renuncia tendremos que aguantar sus chistes y anécdotas sin fundamento por siempre jamás. Ya se sabe...los hijos únicos sueño así de consentidos!
(aclaración tiene 14 hermanos)
Rescatado el loco, y con el corazón encogido, hemos retomado la marcha hacia el final de nuestra aventura Navideña (el Restaurando Caballo Bernat) donde, alrededor de una buena mesa, queríamos olvidar el sufrimiento de la jornada con una comida pantagruélica y unas cuantas copas de cava. 

Cuando estábamos a punto de empezar la comida hemos recibido la noticia, por todos y todas deseada, sobre quién era el afortunado que se llevaba la Cesta de Navidad. Desgraciadamente, el destino hablaba inglés y de manera errónea, irrespetuosa e inconsciente la suerte ha puesto en manos de nuestra amiga Jackie unas viandas que a buen seguro ella ni sabrá valorar ni mucho menos sacarle el provecho que yo mismo le habría podido sacar. Algunos de nosotros hemos empleado nuestras mejores armas para engatusar a la girl. Educada y desinteresadamente, y con el mejor del nuestras sonrisas, hemos intentado hacerle entender a la de las “Antípodas” que su paladar no estaba preparado para estas “delicatessen” y que sería conveniente entregar el contenido del “ataúd”a cualquier de nosotros, expertos *degustadores de jamón, chorizo y vinos ibéricos. Pero nones... cuando pensábamos que aquello sería coser y cantar, hemos tenido que abandonar e irnos con el rabo entre las piernas. The illustrious young girl, no bajaba del burro y no ha habido manera de convencerla!... Comprensible... conociendo como conocemos todos nosotros (¿verdad que sí compañeros masculinos?) la cabezonería del género femenino, con el añadido, además, de su procedencia Anglosajona. Bien... si no queda otro remedio... ¡Buen provecho... que le vamos a hacer!
A la entrada del comedor, en Jaume Valls nos ha entregado a los colaboradores a la Romería de Montserrat una bonita felicitación Navideña y una “inútil” participación de la lotería de Navidad. Inútil, pues de todos es conocida la información privilegiada que desde las altas instancias del Vaticano recibe el mencionado GRMano, y que a sabiendas de que él intentará demostrar su inocencia, nadie se puede creer que desconociera cuál sería el número agraciado con el primer premio. Seguro él se ha quedado para su bolsillo el 76058 y a nosotros nos ha hecho llegar este otro número totalmente insustancial. 

Una vez vaciados todos los platos (algunos parecían no haber comido los últimos meses) y fruto de la ingesta descontrolada de vinos, cava y licores, la pacífica fiesta se ha transformado  en un “*sarao” inaguantable de ilustres poetas y mediocres cantantes de opereta, que gritando cómo locos y desentonado como guitarras desafinadas vociferaban canciones sin sentido, alusivas no se sabe qué niño llamado Jesús y a una madre que incomprensiblemente nos presentan como Virgen. Alguien, por muy ingenuo que sea, se puede tragar aquello de que se puede ser Madre y Virgen a la vez. Yo lo intento pero me cuesta de creer y asimilarlo. No sé a vosotros!

En las postrimerías de la fiesta y para despedir con alegría este asqueroso año de recortes y miserias, la María Torres nos ha obsequiado con unas decorativas, dulces y sabrosas galletas que daba pena comérselas de tan bonitas como eran.
Entre lágrimas de despedida, besitos inocentes y palabras sin sentido (debido al estado de embriaguez de muchos de vosotros) se ha hecho el reparto del cava sobrante, para mantener las mentes “abotargadas” durante estas Fiestas y así evitar el pensar qué nos deparará el cercano 2013.
Felices fiestas y Feliz Año nuevo a todos!

*PD. Añado yo sin miedo a equivocarme mucho,  aquello de... Que Dios nos coja confesados!